Supongo que no queda más que aceptar que hay conexiones que van a parecer sumamente poderosas, que van a hacerte pensar que están bombardeando tus cimientos y van a hacerte preguntar cosas que nunca hubieses pensado y sin embargo, pese a parecer ser una relación que podría prevalecer, va a desvanecerse rápidamente y cuando eso pase, hay que aprender a soltarlo, y estar en paz con uno mismo. Después de todo, todos llegamos a la vida de alguien para enseñar y aprender algo, y Francis llegó a la mia para mostrarme que el horizonte es mucho más amplio de lo que pensaba y que, quizás, nunca me sentí parte de un lugar porque este puede no serlo. Estoy agradecida, más allá del dolor, más allá de la desilusión y la frustración. Se que existe algo mejor y que, cuando sea el momento, lo encontraré.
Esa noche, Francis y yo tuvimos relaciones, torpes, casi como si hubiésemos vuelto a tener 18 años, y creo que nos daba gracia los nervios que teníamos y sin embargo, lo normalizábamos riéndonos. Estaba bien así. Lo cierto es que los nervios en los hombres a la hora de tener relaciones sexuales siempre les juegan en contra (la mujer tiene esa aptitud de poder disimularlo sin que nadie note nada). Intenté darle tranquilidad a Francis, sacarle importancia a la "performance" porque habian otras cosas que me gustaban de él, otras cosas más importantes. Me preguntó si quería quedarme a dormir, y a pesar de estar un poco dubitativa (por cuestiones de seguridad), accedí, en un cegado deseo por intentar estar nuevamente con él por la mañana y porque en el fondo, no quería irme y perder su compañía.
Francis tenía una cama chica en la que él con su metro noventa y yo con mi metro sesenta y siete intentamos acurrucarnos lo mejor que se podía. Él pasó una mano por mi pecho y me abrazó como una hiedra, miedosa a perder su pared, su estabilidad, y yo me quedé, entre sofocada y calurosa, bajo sus brazos que parecían tener un efecto envolvente. A la mañana siguiente volvimos a intentar estar, y volvió a pasar lo mismo, sólo fue un corto tiempo, pero incité a Francis a no pensar en eso y tuve la audacia de invitarlo en su casa a bañarnos juntos, a lo que divertido, asintió.
Francis jugaba con el agua como un niño y se sentía realmente como si fuésemos dos adolescentes descubriendo lo lindo de encontrar a alguien que te hiciera sentir bien. Cuando salimos, él me secó el pelo, y yo lo besé. Ya frescos y limpios, él trabajó un rato mientras yo revisaba las redes sociales y los mensajes hasta que se decidió a cocinar y comimos, charlando de vaya a saber que tontería. Más tarde volvimos a estar, y esta vez, nada salió mal. Post coito se puso a tocar la guitarra un tema de Blink 182 y me quedé, con una remera suya que me había prestado para dormir (que me quedaba inmensa), mirándolo, hasta que irrumpió el silencio preguntándome "¿dónde te ves de acá a 5 años?" y yo le respondí que "no lo se, la verdad es que no lo tengo claro". Francis hizo una mueca y dijo "ojalá te hubiese conocido hace un año..." y viendo una mezcla de tristeza y melancolía en sus ojos le respondí "los dos sabemos que no hubiese cambiado el hecho de que te vas en unos meses a Canadá". Se quedó silencio hasta que dijo "ya se...pero hubiera sido distinto" y se encogió de hombros, pensando en algo que nunca me dijo.
Lo cierto es que a los pocos minutos, se ofreció a llevarme a mi casa, y con una rapidez nunca antes vista, me dijo que ibamos a hablar. Toda la amabilidad y afecto que había hace unas horas en sus ojos ya no estaba, había sido reemplazado por una versión suya fría y distante que me hacía sentir incómoda y un poco rechazada. Poco sabía de lo que iba a pasar después. Francis empezó a responderme los mensajes lo más cortado que podía, y se notaba. Y yo empecé a ponerme impaciente, porque siempre parece terminar todo en lo mismo. Hombres cobardes a la hora de finalizar un vínculo. Que prefieren ignorarte y no responderte, o responderte cortado, antes que decirte que ya no quieren nada más con vos. Y lastiman...porque si algo aprendí de mis relaciones es que no hay nada peor que la indiferencia. Es un estilo de castigo post-moderno socialmente aceptado que es una mierda.Y ahí estaba, cuasi rogando respuestas y un cariño que en verdad puede que él nunca haya sentido por mí, hasta que pasados unos días comprendí que él no tenía la valentía como para cortar todo, que en el fondo, planeaba tenerme ahí, en la palma de su mano a la espera de vaya uno a saber qué. Me despedí de la forma más madura en que uno puede alejarse de alguien: deséandole que le vuelva lo que dio. Ni más, ni menos.

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