2 de agosto de 2018

Redes




Es complicado comprometerte sentimentalmente con alguien que sólo sabe querer a través de palabras, pero no de acciones. Supongo que eso es así porque todo se desmorona en cuanto las acciones contradicen las palabras - o viceversa - y no queda nada para dar más que mentiras que nadie posiblemente va a creer. A veces siento que bailo con mis manos atadas, con este miedo de ser usada y apuñalada por alguien que ni siquiera me conoce - ni planea hacerlo. Y la inseguridad que ya no poseo se apropia de todas mis vulnerabilidades convirtiéndome en una rehén de todo eso que no puedo controlar. Es verdad que uno no puede hacer que la otra persona guste de uno, no es posible forzar al corazón a sentir algo que no siente por voluntad propia. Nadie habla de evitar el rechazo, porque eso si puedo manejarlo. Si alguien me rechaza, lo entendería. El problema es el engaño que implica que le hagan creer a mi corazón que hay cosas donde no las hay, que me digan "no hay nadie más" y que sin embargo pueda verlos constantemente intentando ganarse a otra mujer que no sea yo. Las redes son el peor enemigo del amor, o mejor dicho, como se usan las redes hoy en día. Quizás sea porque se crean con un propósito y después se terminan usando para otro, y cuando son mal utilizadas, no queda nadie más que culpar que a nosotros mismos, por no entender que del otro lado hay alguien más. Que aunque hablemos con una persona por mensaje de texto, messenger, whatsapp, o algún otro estilo de chat, siempre habrá alguien que recibirá lo que estamos diciendo. A veces todo está tan automatizado que nos olvidamos de eso. Que no hablar es una acción, que decir algo no siempre comunica algo bueno, que algunas palabras lastiman como cachetadas inesperadas, y otras muchas tienen el poder de hacerte sentir mariposas en el estómago. Sí…es difícil recordar que del otro lado hay alguien que va a recepcionar lo que sea que estes dispuesto a dar u ofrecer. Y se que no debería guardar ningún tipo de expectativa cuando se trata de personas que realmente no conozco, se que debería ir por la vida simplemente no esperando nada de nadie. Debería ser así para no toparme con desilusiones o frustraciones de ningún tipo, pero creo que en el fondo todos esperamos algo. Desde lo posible hasta cosas que sabemos que nunca van a suceder. Todos vivimos, de alguna forma, en espera. Lo que duele es esperar sin ser conscientes de que las cosas que queremos que pasen, el 99% de las veces no dependen de nosotros. Y por ende, si no suceden, a veces no hay más que hacer que agarrar tus cosas y moverte a algún lugar donde vos des lo que esperan y vos recibas lo que esperas (sabiendo también que la otra persona es justamente eso, otro). Quizás es verdad…es verdad que yo esperé mucho, quizás es verdad que puse demasiadas expectativas en algo que en ojos de alguien más hubiese sido evidentemente muy poco probable que pasara, pero lamentablemente, el corazón no entiende el mismo idioma que la cabeza. Lamentablemente, sin importar cuanto quiera poder darme cuenta de ante mano quien vale la pena y quien no, siempre voy a caer en las mismas trampas de quienes prefieren mentir para conseguir algo que con la verdad no podrían. Y se que en cierto modo, si dejo de caer, si empiezo a ver trampas en todos lados, incluso donde no las hay, voy a volverme fría. Tan fría que ya nada ni nadie va a poder llegar a mí sin primero helar todo lo que creen que soy, sin primero ver morir todo lo que sienten por mí como una rosa marchitandose en medio de la peor nevada que podrían presenciar.

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