Hace mucho que no me sentía así. Desde Alan que venia teniendo contactos efímeros e insignificantes con hombres que, desde un principio, siempre supe que querían sólo tener sexo, vacío y sin ningún tipo de compromiso más que llenarse ellos mismos de placer, a veces sin siquiera pensar en si yo estaba disfrutándolo tanto como ellos. Mauro es ese hombre que hablaba con amor, que no me dejaba colgada en conversaciones sólo para sentirse el macho alfa. Cuando salimos se preocupó porque la estuviese pasando tan bien como él, compró comida y tragos sin pensar en el gasto, sino más bien pensando en mí. Charlamos de todo, y me hizo reír como en mucho tiempo no me reí. Y supuse, sin pensar mucho, que eso era una buena señal. En un momento me acarició la cara, con una delicadeza con la que un hombre no me tocaba hace mucho tiempo tampoco...y sentí...sentí que había algo ahí. Fue una milesima de segundo en la que nos miramos como si nos conociéramos de hace mucho tiempo, como si pudiese ver más allá de mis ojos, directo en mi alma. Para cuando terminamos de comer, él me sujeto por la cintura, como mostrando estar orgulloso de estar a mi lado. Y me incomodó, porque sólo Alan hizo eso...pero él es otro hombre, y por primera vez, en todos estos meses, sentí que no todo estaba perdido, que no todos los hombres salen con mujeres para romperles el corazón cuando no son exactamente lo que esperan. Y lo dejé sujetarme, porque yo también estaba orgullosa de tenerlo a mi lado.
Llegamos al auto y se adelantó para abrirme la puerta, y yo me reí, no porque fuese gracioso, sino porque no podía creer que Mauro y yo nos hubiésemos encontrado así, no podía creer que siguieran existiendo hombres que fuesen lo suficientemente caballeros como para poner por delante de sus intenciones generar comodidad en la mujer, poner la satisfacción del otro por delante de la propia. Prende la calefacción porque sabe que el frío me cala los huesos y me sujeta la mano. Sólo se que sonreí, aliviada por haber decidido darle una oportunidad, porque por fin, elegí a un hombre que valiera la pena. Maneja y lo veo que da vueltas, como evitando el final, ese final que ninguno de los dos quiere que llegue, el de dejarme en mi casa y despedirse. Y le digo "es por allá..." y me dice "ya sé, pero quiero que dure un poco más...". Y sonrío, de nuevo, porque yo tampoco Mauro, tampoco quería que se terminara. Frena en un semaforo y lo miro, y en cuanto menos lo espere, me besó. y nada se sintió fuera de lugar. Cuando el verde resplandeció en su cara, cruzó la calle y estacionó en una esquina para no dejar de besarme por las próximas 4 horas.
Acariciaba su cara y pensaba en lo mucho que necesitaba esto, un contacto sincero y genuino. Cada vez más, descubro que lo que me seduce y me excita es un hombre que sea inteligente, que me haga reír y que sepa besar a tal punto de que quiera darle todo de mí. Y mientras nos acostamos en la parte de atrás del auto, pensaba que este hombre era demasiado para ser real. Y no podía sacarme de la cabeza la frase "algo malo tiene que tener". Porque una vez que te rompieron muchas veces el corazón...das por hecho de que todos van a hacer lo mismo. Y no pude evitar preguntarme: ¿por qué siempre esperamos lo peor de las personas que nos hacen bien? ¿cuando va a llegar el día en que querramos a alguien y confiemos en lo que nos genera esa persona? ¿cuando vamos a querer sin pensar que la otra persona, de una u otra manera, busca deliberadamente lastimarnos?. Quiero querer sin dudas, y hoy, entre redes sociales, en una generación donde el amor sano es ese que no prospera, cada vez me parece más imposible querer sin esperar que lo peor acontezca.

No hay comentarios:
Publicar un comentario