Domingo por la mañana. Me llega un mensaje suyo. Andrés. Siempre apareciendo cuando tengo el corazón lo suficientemente débil como para acceder a sus engaños momentáneos. Sin importar cuando apareciera...siempre terminaba creyéndole, aún cuando sabía que me mentía. Es verdad, cuando te dicen que lo peor que puede pasarte es engañarte a vos mismo, es verdad. Porque es de ese tipo de mentiras que te hostigan, que sin importar cuanto finjas que no podes ver la verdad, está ahí, mirándote a los ojos, observándote mientras elegís destruir tu propia seguridad y autoestima por un segundo de cariño ajeno, un segundo que nunca dura lo suficiente como para hacer que realmente valga la pena. En fin, ahí estaba él, apoyado en el umbral del ingreso al edificio, distraído, nervioso jugando con el celular sin siquiera mirarlo, y cuando sus ojos dieron conmigo, me miro como si estuviese poseído por todos sus demonios. Como si estuviera intentando escapar de su infierno personal solo para perderse en el mío, esperando encontrarse con el cielo que nunca nadie compartió con él. Andrés es de ese tipo de hombres que no esconde sus pecados, él se apropia de ellos y orgullosamente los lleva tatuados en la piel. Es el tipo de hombre con pinta de mal tipo que guarda un estilo de atractivo inexplicable.
¿Por qué me quiero acostar con un tipo que tiene pinta de que va a lastimarme?. La respuesta es bastante simple, y aunque no la escriba, creo que quien sea que me lea va a pensar en lo mismo que yo. Pensé que había superado todas mis inseguridades, hasta que me di cuenta de que Andrés era esa inseguridad que guardé desde mis 17 años. Esa persona que me hizo preguntarme si era suficientemente linda, suficientemente flaca, suficientemente suficiente para poder estar a su lado, para agarrarle la mano, para ir a comer juntos, para ver una película en el cine, para observarlo desnudo después de buen sexo, para ser merecedora de su tiempo. Nunca pensé que era al revés, nunca pensé que el que debería ser merecedor de mi amor, de ese amor tan inocente y sencillo que guardaba, era él. Estamos en el ascensor, y puedo sentir como succiona todo el aire y se condensa en mis pulmones. Puedo sentir mi corazón, bombeando acelerado...pero él corta con la distancia y me besa. Te extrañe, pensé, te extrañé por seis largos años, y ahora que estamos acá de nuevo, siento que siento todo. ¿Es que el tiempo no pasa? ¿es que algunos sentimientos que están hechos para permanecer congelados en el tiempo a pesar de que dos personas se alejen?.
Entramos en mi departamento, tomo agua y me abrazas por la espalda, y desee con todo mi corazón que eso dure, que tus brazos se momificaran alrededor de mi cintura. Necesitaba ese tipo de afecto, el que aparentemente no todos los hombres están dispuestos a darte sin pensar que eso implica que después vas a querer una relación seria...como si una relación más que una compañía saludable fuese una prisión. Será que el amor de ahora no conoce de amor sano, será que el amor de ahora, entre redes sociales, sólo sabe sentirse asfixiado. Y tus brazos, manipuladores desde siempre, me dejan mirándote a los ojos, bien pegada a vos. Me subis al mármol de la mesada y me besas como si nada importar. Y todo ese tiempo, todas esa distancia, todo ese deseo quedó reducido a nada. Me desnuda saca el pantalón con destreza, y me lleva hasta el sillón para que me siente en su regazo donde, entre abrazos y besos, me quita la remera. Se levanta, cargándome en sus brazos y vamos a la habitación donde lo desnudo, de a poco, como quien quiere disfrutar de un buen espectáculo, pero la ansiedad me corre por las venas, y me apuro, me apuro por tener su piel contra la mía. Quiero ese tipo de contacto en el que dos personas pueden coger y respetarse al mismo tiempo, que pueden coger y después compartir una conversación mucho más profunda que dos cuerpos fundiéndose uno en el otro.
Pero cogemos, dos veces, y me encuentro sorprendida por esta sensación fría que me recorre el cuerpo. No hablamos de nada...no dijimos absolutamente nada entre una cosa y la otra. No imaginé esto así, no imaginé que podía sentirse así tener sexo con alguien que pensaste que te gustaba. Me pongo el pantalón de nuevo, me pongo una remera grande y me siento en el sillón donde él esta en calzoncillos. Hay una distancia prudencial, no me toca, y me siento sola...¿cómo es que estoy acá con este hombre que pensé conocer tan bien y que aún así se siente como un extraño más?. Nos ponemos a ver una serie, y él está fascinado con la tele, sin gastar un segundo de su fascinación en mí. Y lo extraño de nuevo, como si hubiesen ahora diez años de luz de por medio mientras estamos compartiendo el sillón. Y cuando está por irse, me besa en el living. Parece que no quiere soltarse de mis labios, y lo siento pegado a mí, aunque ya está este inmenso abismo que creamos los dos estando cerca. Pasamos 10 eternos minutos abrazados, y quisiera quedarme ahí, con ese extraño que creía conocer tan bien, sólo porque me quemé en su infierno y me cuesta subir a la tierra...y a él le cuesta pensar en su infierno sin mi cielo.
Lo acompaño a la salida, y me besa rápido con un prometedor "nos vemos". Subo, me tiro en la cama, un poco desarmada, casi estática, me hago hueca y acurrucándome hasta escurrirme y llorar. No se por qué lloré, pero lo cierto es que lo hice. Y por mucho que traté y traté de engañarme a mi misma, la respuesta al por qué era y siempre fue que merezco mejor del amor que él puede brindarme, ese cariño frío y sistemático que sólo quiero un refugio temporal, un momento que no dure más de lo que están dispuestos a dar. No, no busco al amor de mi vida, sólo busco a alguien que simplemente pueda comprometerse y esté dispuesto a pasar la noche conmigo.
¿Por qué me quiero acostar con un tipo que tiene pinta de que va a lastimarme?. La respuesta es bastante simple, y aunque no la escriba, creo que quien sea que me lea va a pensar en lo mismo que yo. Pensé que había superado todas mis inseguridades, hasta que me di cuenta de que Andrés era esa inseguridad que guardé desde mis 17 años. Esa persona que me hizo preguntarme si era suficientemente linda, suficientemente flaca, suficientemente suficiente para poder estar a su lado, para agarrarle la mano, para ir a comer juntos, para ver una película en el cine, para observarlo desnudo después de buen sexo, para ser merecedora de su tiempo. Nunca pensé que era al revés, nunca pensé que el que debería ser merecedor de mi amor, de ese amor tan inocente y sencillo que guardaba, era él. Estamos en el ascensor, y puedo sentir como succiona todo el aire y se condensa en mis pulmones. Puedo sentir mi corazón, bombeando acelerado...pero él corta con la distancia y me besa. Te extrañe, pensé, te extrañé por seis largos años, y ahora que estamos acá de nuevo, siento que siento todo. ¿Es que el tiempo no pasa? ¿es que algunos sentimientos que están hechos para permanecer congelados en el tiempo a pesar de que dos personas se alejen?.
Entramos en mi departamento, tomo agua y me abrazas por la espalda, y desee con todo mi corazón que eso dure, que tus brazos se momificaran alrededor de mi cintura. Necesitaba ese tipo de afecto, el que aparentemente no todos los hombres están dispuestos a darte sin pensar que eso implica que después vas a querer una relación seria...como si una relación más que una compañía saludable fuese una prisión. Será que el amor de ahora no conoce de amor sano, será que el amor de ahora, entre redes sociales, sólo sabe sentirse asfixiado. Y tus brazos, manipuladores desde siempre, me dejan mirándote a los ojos, bien pegada a vos. Me subis al mármol de la mesada y me besas como si nada importar. Y todo ese tiempo, todas esa distancia, todo ese deseo quedó reducido a nada. Me desnuda saca el pantalón con destreza, y me lleva hasta el sillón para que me siente en su regazo donde, entre abrazos y besos, me quita la remera. Se levanta, cargándome en sus brazos y vamos a la habitación donde lo desnudo, de a poco, como quien quiere disfrutar de un buen espectáculo, pero la ansiedad me corre por las venas, y me apuro, me apuro por tener su piel contra la mía. Quiero ese tipo de contacto en el que dos personas pueden coger y respetarse al mismo tiempo, que pueden coger y después compartir una conversación mucho más profunda que dos cuerpos fundiéndose uno en el otro.
Pero cogemos, dos veces, y me encuentro sorprendida por esta sensación fría que me recorre el cuerpo. No hablamos de nada...no dijimos absolutamente nada entre una cosa y la otra. No imaginé esto así, no imaginé que podía sentirse así tener sexo con alguien que pensaste que te gustaba. Me pongo el pantalón de nuevo, me pongo una remera grande y me siento en el sillón donde él esta en calzoncillos. Hay una distancia prudencial, no me toca, y me siento sola...¿cómo es que estoy acá con este hombre que pensé conocer tan bien y que aún así se siente como un extraño más?. Nos ponemos a ver una serie, y él está fascinado con la tele, sin gastar un segundo de su fascinación en mí. Y lo extraño de nuevo, como si hubiesen ahora diez años de luz de por medio mientras estamos compartiendo el sillón. Y cuando está por irse, me besa en el living. Parece que no quiere soltarse de mis labios, y lo siento pegado a mí, aunque ya está este inmenso abismo que creamos los dos estando cerca. Pasamos 10 eternos minutos abrazados, y quisiera quedarme ahí, con ese extraño que creía conocer tan bien, sólo porque me quemé en su infierno y me cuesta subir a la tierra...y a él le cuesta pensar en su infierno sin mi cielo.
Lo acompaño a la salida, y me besa rápido con un prometedor "nos vemos". Subo, me tiro en la cama, un poco desarmada, casi estática, me hago hueca y acurrucándome hasta escurrirme y llorar. No se por qué lloré, pero lo cierto es que lo hice. Y por mucho que traté y traté de engañarme a mi misma, la respuesta al por qué era y siempre fue que merezco mejor del amor que él puede brindarme, ese cariño frío y sistemático que sólo quiero un refugio temporal, un momento que no dure más de lo que están dispuestos a dar. No, no busco al amor de mi vida, sólo busco a alguien que simplemente pueda comprometerse y esté dispuesto a pasar la noche conmigo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario