14 de mayo de 2018

No tears left to cry



Todos dice n que podría escribir un libro relatando todas experiencias amorosas que surgieron de ese momento en que me rompieron el corazón, ese momento en que decidí que los hombres iban a convertirse en un momento para distenderme y desentenderme de los problemas que realmente hacen a mi vida. Pero a lo largo de este camino, así como descubrí hombres que no valían ni un sólo centavo, también conocí unos pocos por los cuales hubiese dejado mis malos hábitos, por quienes hubiese bajado esa fría barrera de protección que coloqué para que nadie pueda realmente llegar a mi núcleo, lleno de sensibilidades y un talón de Aquiles que bien podría llevarme al abismo en un dos por tres. Ya morí y reviví unas cuantas veces, y ahora sólo quiero estar acá, donde los vivos habitan entre calles repletas, e incluso, permitirme sentirme sola entre todos ellos como estoy segura de que a ellos también les pasa. Supuse que conocer gente nueva iba a ser sencillo, tanto como dejarse invitar un trago y charlar de lo que sea que se pudiese charlar. Simple, sin vueltas, sin esas complicaciones que parecen surgir cuando uno realmente se aferra a una persona o el sentimiento que se desprende de su compañía. De las casi veinte personas con las que salí en este último tiempo, sólo una, sólo Alan llegó a mi corazón. Y lo hizo con una facilidad y rapidez que me hizo reconsiderar el hecho de que el tiempo si importa para conocer a alguien o, incluso, enamorarse. El tiempo nada dice del vínculo que uno establece con alguien, ahora lo tengo claro. Todo pasa por la conexión que logres, y cuanto sepas apreciar y valorar esa conexión que se da una vez de cien veces que intentes encontrar algo así. Nunca va a dejar de sorprenderme que las personas no tengan la suficiente claridad mental y la transparencia sentimental como para admitir cuando saben que algo no va a repetirse, algo único y especial que les hace bien, y aún así lo dejan ir, ya sea por orgullo, miedo o excusas baratas que a fin de cuentas, nunca alcanza a valer tanto como esa relación que no vas a conseguir con otra persona, al menos no de igual forma. 
Pero a veces, darse por vencido no es opción tampoco. A veces uno simplemente tiene que levantarse, agarrar lo tuyo y admitir cuando una guerra está perdida. Porque sería hermoso que ciertos vínculos perdurase, pero por encima de todo eso, estás vos misma, y tu supervivencia es mucho más importante que la de una relación. Aprendí a valorarme, no sólo como ser humano, sino como mujer. Y eso implica que hay cosas que no vas a permitir que te hagan, cosas que sabes que no podes dejar pasar porque hacerlo implicaría no respetarte. Y en una sociedad abnegada al machismo, que una mujer sepa lo que quiere, que una mujer sea lo suficientemente fuerte e independiente como para no necesitar de otro para estar bien, es difícil. Pero los mejores resultados provienen de esas convicciones que te tienen parada con los pies en la tierra, de esos momentos en que miras el cielo y sabes que el único límite es el que vos misma te pones. Así que, decidí que voy a abrir mi corazón y darle la oportunidad a aquellos hombres que realmente valen mi esfuerzo, mi tiempo y energía. Porque conocer gente nueva, sólo por el hecho de no estar solo, es sumamente estresante. Conocer personas que no buscan conocerte, sino usarte, te consume. Y sí, puede ser un placer momentáneo, pero a la larga, no creo que valga la ansiedad que genera estar con alguien que sólo te quiere en sus términos, que sólo te requiere en pos de su necesidad sin pensar en tus necesidades. últimamente me resulta imposible ignorar el hecho de que todos merecemos mejor que eso, incluso quienes lo hacen. Quizás sea que la preocupación actual es jugar al desinterés, aún cuando lo haya, aún cuando en el fondo sea todo lo que todos queremos y buscamos: alguien que nos quiera bien. 

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