2 de abril de 2018

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Me como las uñas antes de escribirle, antes de tentarme de caer en la tentación. Y no lo hago por orgullo, lo hago porque se percibir cuando se avecina una tormenta. Es casi como ese momento previo...cuando el viento sopla fuerte y uno puede sentir el olor a lluvia incluso aunque no haya caído una sola gota de agua. Pero no puedo seguir evitando lo inevitable. Siento que la última vez que nos vimos acordamos que íbamos a vernos al menos una vez más. Enrique, mi psicólogo, mi incentiva a jugármela por la única persona que me hizo bien en este último tiempo, y encuentro en sus palabras consuelo, porque se que tiene razón, porque no podría comportarme de forma indiferente con Alan. Siento que me marcó en una forma en que nadie me marcó, con un corazón dorado. Quererlo nunca me dolió, quererlo me hizo apreciar lo increíble que es que alguien se preocupe por vos, que te valore aún cuando no crees ser suficiente. Me hice de fuerza y lo invité a que fuésemos a comer algo, aunque supiese que él tiene una agenda apretada, aunque supiese que probablemente la respuesta no iba a ser positiva. Supongo que esperaba que al menos tuviera el tacto de decírmelo bien, pero sus palabras sonaron como las de un extraño, y lo imaginé enfrente mío diciendo "no Mai, estoy a mil, perdón por ser tan cortante, pero no tengo tiempo para nada". Y mientras lo decía, sentí que perdí algo, algo mío...ese sentimiento tan arraigado de amor que guardaba para él. Creo que después de dos semanas de no cruzar una sola palabra, merecía un poco mejor de su parte. 
Según podía ver, tenía dos opciones. Una era esperar dos semanas nuevamente para poder volver a  mandarle un mensaje para terminar volviendo a sentir que la respuesta iba a ser que no, repitiendo así de forma cíclica la misma historia. La segunda, la más jodida pero más realista, era cortar por lo sano. En el fondo sabía que si seguía insistiendo y seguía diciéndome que no, todo iba a arruinarse al punto de no tener arreglo, al punto de que incluso los buenos momentos compartidos iban a convertirse en malos recuerdos. Así que me dedico a tomarme el tiempo para evaluar por una hora qué es lo que considero mejor, aunque estuviese muy clara cual era la mejor opción, para los dos. Lo último que quiero es que por nuestra estupidez terminemos lastimándonos. Así que voy a mi habitación, agarro el celular que estaba cargándose y ahí, con lagrimas en los ojos, me siento en el borde de mi cama, con los pies medio colgando sin tocar el piso a redactar lo que yo consideraba mis últimas palabras al hombre que me hizo sonreír durante los últimos cuatro meses. Las palabras salieron de mí sin dificultad alguna y decían algo así:
"Te quería decir esto, y no me importa lo que pienses (si pensas que estoy loca o que me voy por las ramas). Soy sincera, ya sabes. Al menos así después no puedo decir que me arrepiento de no hacer o hacer algo que quiero o pienso. Lo que menos intento es molestarte Alan. Se que no sabes como decir que ya no queres verme y pensas que siendo cortado voy a parar de hablarte. Sólo quería invitarte, aunque supiese que ibas a decir que no, porque siempre me invitaste vos y tenía ganas de hacerlo yo esta vez, y cuando te lo dije en persona, dijiste que te gustaba la idea de volver a vernos (aunque empezaras a estar ocupado con la facultad, el trabajo y tus emprendimiento). Pero lo entiendo, y supongo que a esta altura sólo busco que sepas que la pase muy bien este verano charlando con vos y cada vez que nos vimos - aunque eventualmente la charla quedo disminuida. Te deseo mucha suerte con el emprendimiento de la cerveza, aunque nunca pude probarla al final! La única cerveza que hubiese estado dispuesta a probar. Y se que quizás no te importe, o a vos te haya salido de forma natural, pero quería agradecerte por haber sido atento, no sólo en la cama, sino también por venirme a buscar y llevarme, siendo que no vivimos cerca. por invitarme, por tratarme bien y bancarte mi intensidad y esa dulzura empalagosa que a veces no puedo controlar. Me hiciste bien. Si te hable mucho aún sabiendo que ya me habías dicho que ibas a estar ocupado fue porque quería mantener el vinculo. Pero si no se puede, quería que sepas que la pase bien, y que guardo los momentos como algo lindo. Realmente creo que sos una buena persona, mereces que buenas cosas te pase, y te están pasando. Como dijiste vos la última vez que te vi "no podría pedir por nada más" y más o menos te brillaban los ojos cuando lo decías! así que sí, por eso se que es verdad. Espero que sepas que sin importar nada, si necesitas algo, podes contar conmigo. Ya no voy a estar encima tuyo, mandándote mensajes, y se que voy a extrañarte un poco, aunque ya hace un tiempo extrañaba las charlas. Te deseo lo mejor, siempre. Mucha suerte en tus proyectos y en tu viaje de julio. Te mando un beso grande, un abrazo, y sí, un poco más de besos. No podía ser de otra manera. Ya sabes como soy, muy amor, muy intensa, muy yo".
Cuando apreté el botón de enviar, sentí que me había olvidado o necesariamente omitido un dato de relevante importancia...pero observaba que estaba en línea y nada. Tuve que salir a correr para transpirar el dolor que implica soltar a alguien importante sólo para no arruinar un día se tuvo. Volví a casa empapada sabiendo que lo que había omitido era ese "te quiero" que nunca dije pero que él siempre supo ver en mis ojos. Y a las 19:22, las tildes se tiñeron de azul. Sabía que mi mensaje no decía nada dañino, ni recriminaba absolutamente nada, simplemente era una forma de agradecimiento pero aún así, él no dijo nada. El silencio consumió lo último que quedaba de mí hacia él. Creo que por eso, en ese momento, comprendí que ya era tarde para decir algo, ya era tarde para nosotros dos. 

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