No se si es el verano, no se si es el calor de enero, o es que estoy al lado suyo. Alan se convirtió en una fogata junto a la cual me puedo sentar sin temer quemarme. Él me mira y todo tiene sentido, desde la forma en que nos conocimos hasta ese momento en que sus ojos brillan y no puede evitar besarme. Y se que sin importar que pase, mi vida nunca va a volver a ser lo que era antes de que él llegara. Intento constantemente no pensar en lo doloroso que sería perderlo, pero a veces siento que es demasiado bueno para ser verdad. Le conté de las heridas de mi corazón, esas que dejaron otros hombres que poco hablan de su hombría. Le conté todo, sin guardarme nada porque estaba cansada de sentarme a tener conversaciones vacías con hombres que les daba igual lo que dijera, que sólo querían meterse en mis pantalones y dejarme así, llena de expectativas sobre situaciones y actitudes que nunca se iban a dar. Y no se cómo es que estamos tan bien, pero me genera mucha satisfacción que tenerlo me desafíe a ser mi mejor versión. Lucho para no cometer errores y pensar dos veces lo que voy a decir porque realmente, lo último que quiero, es arruinarlo. Estamos viendo una película, y él me acaricia las piernas. Nunca nadie me cuidó tanto con gestos tan mínimos y detallistas. Nunca nadie me quiso así de bien. No puedo prestarle atención a la trama de la película porque no puedo parar de observarlo y cuando pienso que no se percata de mi mirada, se da vuelta y sus ojos se oscurecen. Me besa como si necesitara encontrar en mi todo eso que no buscó en nadie más, y yo lo dejo quererme porque sin haberlo dicho todavía, lo quiero. Me desnuda de a poco y creo que me voy a morir ahí, de tanto amor. No se por qué pero siento esta incipiente necesidad de pedirle que me cuide...que no deje que esto tan lindo que tenemos se rompa. Y justo cuando pienso que mi petición es evidente y un poco estúpida, él responde "voy a cuidarte, te lo prometo" y retoma su infalible juego de seducción como si no hubiese dicho algo sumamente importante, como si no me hubiese hecho sonreír como una tonta. No me molestaría morir así, entre sus manos, los dos desnudos, con su torso pegado al mío, y su cabeza apoyada en mi pecho. Quiero quedarme así aunque el verano nos queme la piel. No hay palabras que alcancen, y es por eso que debe costarme tanto explicarlo, pero nada se siente igual. Desde que lo conozco siento que mi vida cambió de una forma radical con un giro de 180 grados. Quizás...quizás lo que me sorprende es que me quiera a mí, que me elija y encuentre en mí todo lo que quiere para él (sea lo que sea). Y no...no puedo creer que diga esto de nuevo...pero creo que estoy perdidamente enamorada de este increíble hombre que no sabe hacer otra cosa más que llenarme de preciados sentimientos y momentos para recordar por siempre.
1 de febrero de 2018
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