Pensé que me iba a sentir mejor. Que si me pedía perdón iba a encontrar consuelo en su arrepentimiento, que iba a enmendar el pasado, pero no hay nada que él o yo podamos hacer para arreglar algo que ya sucedió. Y de pronto me incomoda haberlo enfrentado con la verdad, porque se que a veces mis palabras son como misiles que apuntan directo al corazón de quien amenaza con poner en juego esta seguridad que tanto me costó conseguir.
Pero esta vez me quede esperando, que intentara disparar y nada sucedió. Al parecer, ninguno de los dos somos los que solíamos ser. Puede que seamos simplemente dos personas intentando recordar lo que se sentía tener un corazón. Y todo ese tiempo en que me pregunté por qué, por qué me dejaba arder, por qué me condenaba a querer a un fantasma, por qué no le importaba, por qué encontraba siempre valentía para hacerme pasar por tonta, para quitarme la fe que sentía adentro mío cuando se trataba de él, todas las preguntas quedaron obsoletas...
Y no se de que me sirve hacer que admita que me lastimó, cuando él sabe que lo hizo. No me llena ni me complace escucharlo decir que tengo razón, porque se que mis cicatrices fueron el precio que tuve que pagar. Es que ya no importa cómo cuando o donde, ahora simplemente siento paz interna, como si nada pudiese afectar mis estados emocionales más que lo que yo misma genero o permito. Supongo que antes sentía todo demasiado, como si los sentimientos y sensaciones estuvieran todos potenciados y se maximizaran cuando todo se iba a la mierda. Supongo que antes lo quería más de lo que debía, y ahora que su nombre no esta tatuado en mi corazón, lo siento lejano, como si nunca hubiese deseado que me diese una oportunidad, como si nunca hubiese estado enamorada de ese chico que conocía hasta mi alma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario