21 de julio de 2017

Revival


Morí un 11 de julio de 2017. Ahí estaba, en un quirófano, muriendo. No escuché a los médicos decir nada, todo lo que existía en ese momento era una luz blanca, muy fuerte y hasta casi hipnotizante. Sentí cuando me pusieron la anestesia, porque era una gran aguja en mi muñeca izquierda, y duele pero no digo nada, sólo siento que se me cae una lágrima mientras cierro los ojos y me pierdo. Es un profundo e intenso sueño que dura aproximadamente tres horas. Cuando no despertaba, en medio de la paz, pensé que estaba muerta y no me preocupó. De repente la idea de no despertar me sono plácida y tranquilizadora. Todo es más sencillo así. No voy a volver, porque si vuelvo ya no vuelvo como la que fuí, vuelvo a nacer. Y fue entonces cuando tuve mis primeros reflejos, cuando me sacaron el tubo de respiración. Empecé a toser pero lo que me descolocó fue el dolor. No podía gritar, estaba entumecida, pero me dolía, y si me dolía significaba que estaba viva. Era tan intenso todo lo que sentía que lloraba. Sentí hasta mis viseras, mis huesos y todo eso que nunca en mi vida me había percatado que estaba ahí, adentro mío. No estaba muerta, pero estaba fría como si lo estuviera, y temblaba, no podía parar de hacerlo. ¿Reviví para sentir todo esto? ¿es que no hay nada más que dolor en el mundo?, y entonces lo vi a mi papá en la puerta, antes de que me entraran a cuidados intensivos, y le agarre la mano como pude, estaba con un semblante serio y preocupado. Parecía como si hubiese visto a un fantasma. Y yo lo único que podía hacer era concentrarme en el dolor y decir en voz alta que me dolía aunque nadie me escuchara. Cuando me instalaron en una habitación con aparatos, me pusieron un suero con morfina, y otras dos drogas de las cuales no recuerdo el nombre que me hicieron apagar mis motores. Ya no estaba sedada, estaba drogada. Pero el sueño era igual de pesado, no podía abrir los ojos. Era más fuerte que yo. Cuando desperté por unos segundos la vi a mamá, que supuestamente no iba a poder estar por su trabajo, y dije "me duele" de nuevo, por vaya a saber que vez, y me dormí, de nuevo. Desperté a la noche, y vi a mis papas, ambos, dormidos uno de cada lado en los varandales de la cama. Agarré el celular y les saqué una foto, porque nunca tuvieron miedo por mi, por perderme, hasta ese día. Le agarre la mano, a uno de cada lado, y volví a dormir. Ahora estaba tranquila, porque el dolor estaba aplacado por la morfina y ver a mis papás era como un respiro de tranquilidad. Ojalá pudiera redactar todo lo que significaron esos días internada, ojalá pudiera agradecerle a todas las personas que me cuidaron, los enfermeros y enfermeras de los cuales creo que nunca voy a olvidar los nombres. Fueron cuatro días de renacimiento, de lenta vuelta a la vida. Recién cuando me dieron el alta al quinto día, pude ir al baño sola, donde me miré al espejo y ví que aunque todo lo que solía estar estaba ahí, yo ya no era yo. Fue en ese momento en que supe que había muerto y esa que tenía enfrente era otra. Renací para ver esta nueva persona enfrente mío, una versión con tanto potencial que al verla me hizo sonreír. Estoy viva, estoy acá, rodeada de las personas que quiero y que me quieren, y de repente no me cabe duda de que lo mejor está por delante, con esas inminentes ansias de suceder. 

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