Querría decir que todo empezó hace un mes, pero estaría mintiendo. Todo empezó hace años, pero por alguna razón se siente como si hubiese sido ayer. Estaba en el médico cuando me entró un mensaje suyo. Miré el celular pensando que no podía estar viendo bien. Aparecía una foto de él con su novia, ¿qué hace hablándome?. Siento cómo se mueve algo adentro mío, y me enderezo, porque no se que es pero me gusta cómo se siente. Salgo del consultorio un poco intrigada, "hola, tanto tiempo" y empieza lo que parece una maratón de sentimientos. Empezamos a hablar de viajar, de tu trabajo, del mío y se me escapan detalles de mi vida que sólo le contaría a alguien en quien confío mucho. No se que estoy haciendo, pensé, porque si algo debería haber aprendido en este último tiempo es a no confiar de más en personas que crees que nunca van a dejarte, porque eventualmente, todos se van.
Me preguntas si estoy con alguien y te digo que no, te pregunto lo mismo y decís que terminaste con la que fue tu novia por cinco años. Pregunto qué pasó porque la intriga me puede, pero pones escueto y decís que la convivencia mato el amor. No necesito saber más, porque te creo, porque quiero creerte. Empezamos a recordar a quienes eramos cuando éramos más chicos. Y recordas todo, recordas cosas que ni yo recordaba y siento una punzada de placer. Nadie nunca se acordó de momentos que compartieron conmigo. Volvemos en el tiempo, aunque la realidad lo impida.
Era una noche de verano, estaba quedándome en lo de mi madrina, sola, y viniste. Éramos vos, yo, el alcohol y una película que nunca llegamos a ver. Te estoy haciendo un recorrido del departamento, como si realmente importara, cuando me sujetas y me empujas contra la pared. Se me agita el corazón y no se a dónde ir porque no creo que pueda estar en ningún otro lugar que no sea ese, con vos. Me empezas a besar y todo pasa tan rápido que de pronto estamos desnudos, en la cama. Y yo con todas las inseguridades a cuesta te pido que no me mires fijo, intento esconderme pero es imposible. Sos hermosa, dice, y sonríe. No, no tuvimos sexo. No esa vez. Sólo estabamos ahí, tumbados. Podría arriesgarme a decir que fue el momento más íntimo de mi vida. Qué puede ser más intimo que dos personas, charlando desnudas, sin necesitar llegar más allá, no porque no quisiéramos sino porque ese momento era mucho mejor que todo el sexo del mundo.
Pasaron seis años, pero creo que en realidad lo recuerdo todo con claridad porque fue el único hombre que me vio, en todas mis formas, y aún así, veía algo en mí que yo nunca fui capaz de observar....o eso pensé...

No hay comentarios:
Publicar un comentario