Pasas a buscarme y me subo a tu auto. Puede que pienses que me vestí para vos, pero espero que sepas mejor que eso, que nunca me arreglaría más que para mí, para sentirme comoda y poder afrontar el temporal que significas para mí y todos mis sentidos. Y quiero conocerte, tan bien como pueda, pero se que puedo perderte durante las noches que con vos parecen durar una eternidad. No quiero ser la primer en decir algo pero necesito saber si ya terminaste de resolver todos tus asuntos con tu ex, porque se lo que se siente, que te mientan y estén con otra persona a tus espaldas, y no quiero hacerle eso a ella, ni creo que merezca yo ser la segunda de nadie. Todos nos merecemos algo mejor que eso.
Te miro, intentando ver más allá de la concentración que expresa tu cara cuando manejas, y parece que podes sentir mi nerviosismo porque me miras y me preguntas si pasa algo, pero pasan tantas cosas adentro mío que es difícil resumir todo en dos o tres palabras que no digan nada relevante, y todo al mismo tiempo, así que me limito a ser directa y concisa "quiero pensar que estas acá porque ya resolviste tus asuntos pendientes". Creo que me asfixio mientras espero que diga algo, son segundos, pero para mí se sienten como eternos minutos. "Te dije que eso es lo que iba a hacer, y es lo que hice, no dudes de mí, no estaría acá si no fuese así" y me siento un poco avergonzada por acorralarlo y miro por la ventanilla, sintiendo que me achico en el asiento acompañante. No fue hasta que el auto frena en un semáforo y sentí su mano que me acariciaba la mejilla para que lo mire. Me pide perdón, por ser brusco, y promete contarme todo en cuanto lleguemos a su casa. No se si debería sentirme un poco perturbada por lo que vaya a decirme, o por las técnicas de persuasión que bien sabe usar cuando se trata de mí.
Cenamos en silencio, entre preguntas furtivas y miradas encendidas, puedo darme cuenta de que está orgulloso de sus dotes de cocina, y me río porque es la primera vez que un hombre cocina para mí. No se por qué con mis diecisiete años cree un monstruo en mi cabeza de éste hombre, como si pudiese lastimarme con facilidad, y ahora siento como si estuviese hablando con otra persona, o quizás sea que la que cambió fui yo. Prepara un trago y se sienta al lado mío en el sofá. No se si estoy preparada para escuchar todo lo que tiene para contarme, pero tengo tantas ganas de hacer que esto funcione, de quedarme, que podría abrir la cabeza para entenderlo si eso significa que puedo quererlo sin sentir que podría estar queriendo a alguien más.
"Así que sí, soy todo tuyo" dice sin más cuando termina de contarme todo mientras se le escapa una sonrisa cómplice, y no se me ocurre hacer otra cosa que dejar la copa en la mesa ratonera, sin apresurarme, sin hacer de toda la situación una equivocación, y finalmente besarlo, como si le debiera todos los años que no compartimos, o mejor dicho, como si me los debiera a mí misma.

No hay comentarios:
Publicar un comentario