28 de abril de 2017

Forever gone

Parece como si hubiese pasado mucho tiempo, años, pero sólo fueron meses, ni siquiera un año. Al principio pensaba en él todos los días, era esa manía que no me podía arrancar. Entraba a sus perfiles, en las redes sociales, y veía su vida aunque hubiese sido excomulgada de ella. Me enojaba conmigo, por estar atascada en alguien que no guardaba ni una gota de cariño por mí. O así lo sentía. Pero igual lo buscaba, sin decirlo en voz alta, pensando que quizás él hacía lo mismo, que buscaba consuelo en saber de mi vida, para que no le doliera, para justificar que todo lo hecho estaba bien. Y muchas veces, me convencía de que la herida había cicatrizado, pero siempre volvía a hacer lo mismo, me rascaba y volvía a sangrar. Eso era para mí mirar sus fotos, muchas veces sin quererlo si quiera, pensaba en que hace no mucho tiempo existía una posibilidad de estar en una de esas imágenes, sonriendo, o algo así. Recién este año deje de buscarlo, no porque no quisiera encontrarlo, es sólo que decidí que no quería sufrir por una idea, por algo que nunca se concretó y probablemente, nunca iba a hacerlo. Al principio temía olvidarlo, porque no me quedó nada, ni siquiera guardé la foto de un dibujo que dijo que me iba a dar cuando nos viéramos. Fue como si nunca hubiese existido, como si lo que me dolía en el interior fuese todo menos mi corazón. Extrañaba las conversaciones, las palabras...extrañaba a un fantasma. 
Dejé de entrar a su vida, dejé de escarbar información, simplemente paré. Y ahora, se siente como si estuviera muy lejos de la persona que fui cuando lo quise porque si miro en retrospectiva, veo una Maite débil, que se quebraba cuando no recibía y que sin embargo, a pesar de saber que tenía que irse, se quedaba. Y si estoy segura de algo, es de las cosas que no soy (que quizás él pensó que sí soy). No soy débil. No soy sumisa. No suelo hacer lo que otros quieren porque es lo que más les place, y menos cuando se que eso puede lastimarme. No suelo ceder con facilidad. No soy paciente ni vueltera porque sé lo que quiero el 99% del tiempo. No ruego cariño si no me lo dan voluntariamente. No me quedo si tengo que irme. No suelo dar la razón sólo para hacer felices a otros si pienso que esa persona está equivocada. No soy falsa y mucho menos hipócrita. No digo que quiero a alguien al minuto de conocerlo sólo para no estar sola. Y no, no juego con el corazón de otros sólo porque reiteradas veces jugaron con el mío. 
Creo que cuando lo quería, como algo más que un amigo, me volví débil, sumisa sólo para agradarle, me volví paciente quedándome aunque no hubiera nada que esperar, no lo contradecía si decía que no aunque yo quisiera que dijera que sí, cedía constantemente para que no se vaya o no se aburra, rogué cariño como si nadie más que él pudiese dármelo, a veces no decía todo de mí porque temía ser juzgada, me importaba lo que decía aunque supiera que estaba equivocado, le daba la razón aunque no la tuviera sólo para no lastimarlo con mis respuestas y mi sinceridad abrupta. Lo cuidé de mí, y yo quede expuesta. Fue mi culpa. Pero creo que hay dos cosas que yo nunca haría ni hice, que él si hizo: dijo que me quería para no estar solo, y lo peor y más duro para mí fue ver que jugó con mi corazón, sólo porque antes de mí, habían jugado con el suyo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Preview (of a disaster)

Solía conocerlo, tan bien. Solía pensar que lo hacía. Que conocerlo me daba un estilo de privilegio, de ventaja por sobre otras personas. Lo...