Te convertiste en una canción que sólo puede hablarme de cosas que no son, que me mantiene en velo, encerrada, sin poder más allá de esta habitación, perdida entre tus acciones y tu corazón indeciso. A veces vuelvo a cerrar los ojos, y me veo ahí, en la cama, cerrando los ojos, olvidándote a la fuerza, quemando todos los puentes que nos unían, lentamente volviéndote un extraño, guardando en el fondo de mi memoria esa sensación tan horrorosa de ser la única pasándola mal, de ser la única a la que le costó superarlo. Se que esperabas que gritara que te necesitaba, y se que pensabas eso porque confiabas en la forma en que solíamos atraernos hasta cuando queríamos alejarnos. Todo lo que pudiste escuchar fue mi silencio que no hacía más que hablar por si solo, del dolor que nunca sentiste correr por tus venas como yo lo hice.
Mi cabeza y mi corazón se volvieron una prisión personal por mucho tiempo, sin poder liberarme, sin poder respirar, perdiendo la inocencia y la ilusión en tus palabras. Me preguntaba cómo podía estar bien si no podía estar, si lo único que me salía hacer era estar de espaldas al camino que tenía por delante, sólo para poderte ver una vez más. Miraba tus fotos, y me quedaba contemplándote, esperando quizás que con solo mirar tu recuerdo, te convirtieras en mi presente. Pero dolía mucho, volver atrás sabiendo que no hay reloj que resista, que no hay corazón que lo soporte. No se en que momento fue que decidí dejar de estar pendiente de lo que hacías, aunque diría que fue el día en que comprendí que merecía algo mejor, que querer a un fantasma no estaba bien, que por mucho que te quisiera, ya no me hacía bien sentirme así...tan vacía e inhóspita como un desierto.
No quiero ser un cascarón vacío. Le di la espalda al pasado, lentamente, página a página, hasta cerrar el libro. Y acá estoy, después de unos meses, mirando hacia atrás, sin siquiera mirar una foto tuya, sólo pensándote, y me sorprendí dándome cuenta de que, incluso sin saberlo, me hiciste un favor. Me demostraste que el tiempo cotiza en bolsa, que cada día cuenta, y que sólo vale la pena gastar los días si los compartis con personas que no sólo digan que te quieren, sino que lo demuestren, una y otra vez, sin avergonzarse de sentirlo. Te pienso esperando que realmente hayas encontrado ese tipo de cariño que sin decirlo buscabas, ese que a veces se esconde justo detrás del arcoiris, entre la fortuna y la desgracia de no encontrarlo. Te pensé y te dejo ahí, de nuevo, en el frío recuerdo. Espero no te sorprendas pero...
Si un día decidís buscarme, es probable que este ocupada, persiguiendo nuevos amaneceres.

No hay comentarios:
Publicar un comentario