30 de enero de 2017

The last one (for you) PART II

"...Todo lo que le siguió fue peor de lo que yo misma esperaba. Supongo que pensé que podía convivir con un depredador sin que me afectara (sí, por eso dure tres años). El hecho de estar medicada mientras ese hijo de puta se deambulaba de pasillo en pasillo de la forma más impune me lastimaba más de lo que era capaz de admitir. La verdad es que ese tipo me daba, me da y me dará asco por siempre. Es un psicópata, y el problema de los psicópatas es que lejos de ser locos reconocidos, son retorcidos, manipuladores y disfrutan (por no decir que se excitan) con su propia insania. Cada vez que hacía algo para desgastarme las energías y arruinar mi día, se reía, como si hubiese contado un chiste que nadie entendía más que él. 
Sí, estás pensando bien, como estoy hablando de pastillas, estoy hablando de haber tenido que recurrir a un psiquiatra. Odiaba la idea, pero intenté manejar el sueño por mi fuerza de voluntad y sólo derivó en dos semanas de no dormir (nada). Para cuando ese punto llegó, me volví un castillo de naipes fácil de derribar. No dormir había disparado algo que me era totalmente ajeno: la ansiedad y, como consecuencia de la ansiedad, los ataques de pánico. Todo una puta cadena de desbarajustes en mi cuerpo que realmente no sabía como controlar. De hecho, lo que me irritaba tanto era no poder hacer nada al respecto. Por momentos mi cuerpo dejaba de ser mío. Me transpiraban las manos, sentía que el corazón me latía con una velocidad que me aterraba, y esas ganas de decir tantas cosas y no saber cómo hacer que todas las palabras tengan sentido, que te quepan todas en la boca sin que explotes en mil pedazos de vos mismo. En fin, el psicólogo y el psiquiatra no entendía cómo aguante 3 años de suplicio y, la verdad es que, yo tampoco. Estaba emocional y físicamente agotada, cada día, luchar durante 9 o 10 horas, para después ir a la facultad, pretendiendo ser capaz de prestar atención y rendir mentalmente lo mismo que si estuviera bien. Era esperable...colapsé. 
Un viernes de a fines de octubre fui al psiquiatra y le dije llorando (todo lo que no había llorado en años) que no podía volver el lunes "por favor, no puedo más, no quiero más". Es que lloraba en el colectivo yendo y volviendo del trabajo, en la calle, en el café, con mi familia, sola. Mi costumbre de hacer como si nada se volvió insostenible. No parecía, pero estaba hecha mierda por dentro. El psiquiatra se apiadó de mí y me prescribió licencia por 20 días. Pero aparte de su  evaluación y la de mi psicólogo, me tenía que evaluar una médica laboral. Estaba asustada, me sentía como si tuviera que justificar que un hijo de puta me había lastimado a niveles que ni yo conocía, pero la médica me hizo la misma pregunta "cómo es que aguantaste tanto?" y yo llorando me encogí de hombros. Supongo que en la vida siempre supe aguantarme el dolor, y ésta...no fue la excepción.
Cada quince días me veía la médica laboral, quien siempre aplazaba mi retorno al trabajo. Al principio, fue un alivio, pero empecé a sentir como si mi cabeza, a pesar de no estar físicamente en el trabajo, lo estaba cuando pensaba en toda la represalia que este tipo iba a tomar contra mí. ¿Cómo me defiendo de alguien que tiene un cargo superior a mí?. Me sentía indefensa y minúscula, y soy fuerte (usualmente), pero me sentía tan chiquitita que a veces temía que hasta los que me querían y hacían lo que podían por ayudarme y estar para mí, terminaran pisándome aunque fuera sin intencionalidad. Me encerré en mi misma. Con el único que podía hablar era Enrique (mi psicólogo). "Nada de todo esto fue tu culpa" pero sentía que si lo era. ¿Por qué no frené todo esto cuando empezó?...ahora sé que no sabía como porque era chica, mis 20 años recién cumplidos no sabían como actuar ante una situación así. Creo que ninguna mujer está preparada para el acoso de un hombre. Y por experiencia propia comprobé lo difícil que es frenarlo. Más cuando trabajas para un desgraciado de esa clase. 
Estaba rota en formas y dimensiones que no puedo ni describirte. Mis papás estaban preocupados por lo mal que me veían aunque no supieran todo lo que me pasaba por dentro. Y supongo que por eso, Nueva York se convirtió en la mejor idea...la última. Y cuando sus luces me obnubilaron, es que yo estaba muerta y ahí, entre el Empire State y la Estatua de la Libertad...resucité..."

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