11 de noviembre de 2016

One year

Todo este tiempo di un paseo por las catacumbas. Hubieron momentos de silencio, y otros tantos de ruido ensordecedor. Pasé tiempo conmigo misma, sin poder hacer más que no reconocerme. Estuve fuera de mi cuerpo y hundida, bien adentro, en las profundidades del averno, me quemé sólo para renacer de las cenizas. Lloré de noche y de día, yendo al trabajo o volviendo, escuchando música e incluso cuando el departamento se convertía en mi propia carcel. Hubieron días en los que salí hasta perder la cordura, y otros tantos donde sólo quería estar en la tranquilidad y comodidad de mi cama, viendo pasar el día por los ventanales. Por momentos recordé con cariño a algunas personas y por otro sólo podía mentalmente pensar que fueron mi condena, que generalmente, las personas que más quiero son las que más daño me hacen. Y maldita sea que duele. Duele como si hubiesen asesinado a esa parte mía que quiere, a esa parte más sensible que tengo. Llegué a pensar que era mi culpa, que el problema era yo, llegué a creer que en realidad la causal de mi dolor era haberme quedado viendo como ardía todo lo que creí haber construido con otros, todos los puentes al rojo vivo, y yo paralizada. 

Hace un año, para esta altura, principios de noviembre, ya estaba bien o bueno, mejor de lo que estuve durante el año. Había empezado a ver a Enrique, mi psicólogo, en octubre del año pasado. Estaba colapsada en tantas formas, por tantas cosas, que simplemente mi mente no descansaba. No podía dormir, lloraba todo el tiempo, a veces me convencía de que todo estaba bien sólo para no tener que admitir que había algo que arreglar. Era normal que eso pasara, guarde mucha mierda por tres años. Mi cuerpo se volvió el reflejo de lo que estaba pasándome adentro. La única forma en que puedo describirlo es diciendo que estaba bajo tierra, y fui subiendo, primero lento y después rápidamente. Para fines de noviembre empecé a sentir de nuevo que volvía a ser yo misma, y me juré, bajos las luces de Nueva York como testigo, en la cima del Empire State, que nunca más iba a sentirme menos por terceros, que la única que iba a juzgar quien era, era yo misma (y nadie más). Voy a amarme a mí misma primero quedó tatuado en mi piel, para recordarme lo que nunca puedo olvidar.

Para abril de este año, empecé a descender nuevamente. Supongo que todo empezó a caerse a pedazos. Enrique dice que es normal, que lo peor viene ahora, ahora que estoy tan adentro mío que no me queda más opción que sincerarme conmigo misma. Por momentos, mi cuerpo no es mío. Así lo describo. Y a veces me desespera no poder estar simplemente bien, volver a como estaba hace un año, en acenso. Y se que pueden ser los antibióticos de la neumonía, el desgarro muscular e incluso de mi propia cabeza que maquina todo hasta que tiene sentido. Me empecé a sobre exigir, porque podía, hasta que mi cuerpo me dijo "ya no más". Y tuve que parar. 

"No quiero escribir más, me hace mal" le dije a Enrique, y él con las cejas levantadas y la sorpresa estampada en la cara me preguntó por qué y no supe que decir, porque en verdad, sólo siento que escribir me hace pensar en todo lo que está mal, y plasmarlo para la posteridad sólo me hace ver que no puedo ser quien quiero ser, quien soy capaz de ser. "Creo que escribir es lo que te viene salvando, lo que te permite decir cosas que a veces no podes expresar de forma verbal". Y se que tiene razón, se que escribir es lo que me hace bien, es ese momento en que puedo sincerarme sobre absolutamente todo, conmigo misma. Supongo que el problema es que mi cabeza no olvida nada, y cuando escribo, todo sale a relucir como un constante recordatorio de lo que quería y no fue. 

Pero ya tuve suficiente de bajones, lo siento en mis huesos, esa decisión que no había tomado antes. No voy a luchar contra esto, contra mis impulsos y no voy a escapar de todo lo que me hace bien sólo por miedo a encontrarme reflejada en algún espejo mental.  Se siente como si tuviera que luchar contra el enemigo incorrecto. No tengo la culpa de todas las cosas que se dieron a lugar este año. A veces las cosas simplemente pasan y nadie tiene la culpa. A veces la vida sólo te prueba para ver cuanto resisitis. Nunca fui débil y no voy a empezar a serlo. Quiero re-encontrarme, quiero amarme a mi misma primero y creer en que puedo hacerlo, puedo ser feliz, puedo sonreír y sentirme completa y satisfecha. "No creo que hayas superado el hecho de sentirte poco suficiente, siempre queres ser más" me dijo Enrique, que siempre da en el clavo. Sí, pero no quiero ser más, quiero ser mejor de quien soy ahora."No se si pueda..." le dije, con el llanto atragantado, y me dijo "yo creo en vos, es tiempo de que vos empieces a creer en vos misma". Quiero creer en mi misma más de lo que creo en los demás, que siempre parecen encontrar un buen motivo para salvarse a sí mismos y lanzarme al fuego cuando yo lo hubiese dado todo. Ya no...

QUIERO DARLO TODO POR MÍ. ESTE ES MI RENACIMIENTO, SEGUNDA PARTE. 
ACÁ VAMOS...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Preview (of a disaster)

Solía conocerlo, tan bien. Solía pensar que lo hacía. Que conocerlo me daba un estilo de privilegio, de ventaja por sobre otras personas. Lo...