13 de septiembre de 2016

Soltar(te)

Directo al corazón. Siempre fue una flecha directo al corazón. Suena como si fuese algo bueno, pero no lo es. O lo era al principio pero no al final, cuando lo que sentis es esa picazón que por mucho que te rasques, está ahí, permanentemente. Creo que es momento de decirte que conseguiste lo que querías, desde el principio, o al menos, lo que esperabas que sucediera. Incluso cuando no estoy en tu vida, hablas de mí, mal. Supongo que te duele leerme escribir todas estas formas en que te veía, todas esas cosas que hacías desde mi punto de vista, esas que decías sin pensar y cómo me dejaba. Que escriba, no significa que este loca, y que vos andes por la vida fingiendo felicidad, no significa que seas feliz. La vida es simplemente mucho más que una descripción de lo que es. Deberías saberlo. 

No voy a perder mi tiempo hablando sobre lo que pasó, vos y yo sabemos que fue y que no. No necesita aclaración. Quizás esperaba que cuando todo terminara, vos guardaras tu silencio y yo el mío, pero me sorprendí al ver que lo único que podes decir en mí, con quien sea que hables de mi, sean cosas malas. Y en cierto punto me da gracia sentirme tan lejana de eso porque siempre tendí a defenderte de los comentarios de las pocas personas que sabían de tu existencia. Por eso, siento como si tuviese que devolverte con la misma moneda, como si tuviese que agredirte verbalmente como vos lo haces, pero...no voy a hacerlo. En vez de hacer eso, voy a hacerte una promesa (que espero no romper): este es el último texto que lees hablando de vos. Ya no voy a nombrarte, va a ser como si no hubieses estado, como si fueses un espacio en blanco en mi memoria. Es una lástima que nunca hayas sabido apreciar mis palabras, todas esas veces que escribí sobre vos y te inflé en las proporciones del ideal que cree de vos, porque claro, al final, somos, fuimos y seremos dos extraños. Dos personas que saben mucho y al final, no tienen nada. ¿Quien lo hubiese dicho?. 

Ojalá supieras que cuando una persona que escribe y habla de vos, te da un espacio en su vida que otra persona no te puede dar. En las páginas de un libro, sos eterno e infinito. Nadie va a borrarte de esos escritos que te dediqué y que probablemente pasaron desapercibidos ante tu mirada inescrupulosa. ¿Mereces estar en ellos? no lo se, si no les diste importancia o ni siquiera pudiste identificar cuales fueron, probable que no. Me hice a la idea de que la belleza sólo es digna de aquel que sabe apreciarla. Pero como te digo, voy a dejar de aludirte. Nunca pensé que pudieses verlo como algo ofensivo o incluso, como algo de lo que avergonzarte. Cuantos poetas, canta-autores y escritores te verían con mala cara, varios diría yo, pero ya se, eso da igual. 

Como te dije, voy a dejar de escribir sobre lo que pasó, lo que quedó o incluso, lo que hubiese pasado si ambos hubiésemos hecho las cosas de otra forma. A diferencia tuya, no guardo rencor, ni siquiera cuando recuerdo todas esas veces en que me doliste. Francamente, las veces que escribí sobre vos, fue para sacar de adentro mío todo lo que vos no querías o podías escuchar. Los últimos textos que leíste, no eran para vos, eran para mí, los escribí con el único fin de dejarte ir, de sacar todo lo que tenía en la garganta y ya empezaba a molestarme. 

Ojalá yo pudiese borrarte como vos lo hiciste conmigo, pero estas impregnado en muchas de las oraciones que se desplegar en mis textos por los últimos meses, y negarlo sería de cobarde, y esconderlo sería egoísta. Compartí con vos y muchos más lo que me pasaba con vos, como me sentía con eso, lo bueno y lo malo. Y cuando los relea un día, sobre todo los primeros textos, espero sonreír, ¿sabes? como cuando hablábamos y no éramos dos desconocidos peleando por estupideces, declarando una guerra por un café. Espero que un día también te encuentres sonriendo si es que remotamente mi nombre asalta alguno de tus pensamientos. 

Tranquilo. Ya me enoje, ya me frustré, me decepcioné, ya hice silencio, hablé y volví a callar, ya lloré y lo saqué de mi sistema, ya escribí todo lo que hiciste en un vano intento de encontrar en mí el perdón que vos nunca dijiste, ya sentí el vacío y ahora gasto mi tiempo llenando y reconstruyendo lo que ya no está. Ya hice todo lo que tenía que hacer, salvo una cosa, que espero pueda hacer a partir de ahora, y eso es soltarte. Es ridículo pero pienso en lo lindo sería poder decir "hola" y decir nuestros nombres como si nada estuviese en donde está, empezar de cero, otra vez. Pero el tiempo no va hacia atrás. Ojalá te hubieses sentido como yo me sentía por vos, ojalá me hubieses visto la cara cada vez que me hablabas, era como ver los fuegos artificiales de año nuevo. Me encantan esos. 

Espero estar tan preparada como vos para seguir adelante, y hacer como si todo esto, los nueve meses que pasaron, hubiese sido un sueño bizarro. Nunca hubiese imaginado que el hecho de que escribiera se volviera una carga pesada para vos o algo por lo cual reírte de mi. Quizás debería desearte que nunca más te topes con alguien que escribe, si es que tanto mal te hizo encontrarme en el camino como comentas. 

La chica del blog va a dejar de escribir palabras que lleven tu nombre tatuado. La chica del blog te abraza digitalmente, te dedica la última mirada de cariño y finalmente, te suelta. 

Te suelto, Agustín. Aunque vos lo hiciste hace unos cuantos meses ya.
Te suelto tarde, pero seguro. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Preview (of a disaster)

Solía conocerlo, tan bien. Solía pensar que lo hacía. Que conocerlo me daba un estilo de privilegio, de ventaja por sobre otras personas. Lo...