8 de septiembre de 2016

Me, myself and I.


Sólo soy yo. Ni más ni menos. Soy un montón de cosas, algunas que me gustan, unas que simplemente acepto y otras muchas que odio. Pero de nada sirve que esté hablando de mí, si lo único que logro hacer es decir todas esas cosas que me hacen querer ser alguien más. Siempre quise serlo. Pero la verdad es que principalmente siempre lo quise por cómo otros me veían. De pronto me volví este concepto abstracto, que cuando algunas personas leen, creen que entienden, que cuando algunas personas ven creen que conocen. Soy más que estas letras, que un par de renglones, que mil palabras que por separado tienen significado y juntas se vuelven insignificantes y burdas. Quería ser vista, no en el sentido superficial, sino en ese que está por debajo de mi piel, que corre apresura y errático por mis venas, y que sin embargo, importa más que mi cuerpo. Soy un envase, a veces vacío, a veces lleno. De vez en cuando, cuando me miro al espejo, lo único que puedo ver son descripciones que otros hacen sobre mí y en esos momentos descubro cuan sencillo es perderse hasta el punto en que estiras la mano para alcanzarte, pero ya no sos vos, sos otro, sos una imagen vívida de concepciones ajenas. Soy las enseñanzas de mi papá, me volví una sobreviviente de mis propios desafíos, soy un soldado, preparado para disparar si alguien me quiere lastimar. La vida me volvió una luchadora, en mil aspectos que sólo yo conozco. Soy la personalidad de mi mamá, aprendí a ser una mujer fuerte, independiente y autosuficiente, siempre diciendo que podía sola cuando me hubiese venido bien una mano...un abrazo. Soy una mezcla, y soy yo. Soy mis ancestros, los ojos de mi bisabuelo y el carácter de mi bisabuela. Soy un ave migratoria, que está en un lugar pero no pertenece, porque nunca va a hacerlo, porque siempre tengo el afán de no conformarme, de ser abierta de cabeza y escuchar, prestar atención a las personas cuando hablan. Abro mi corazón a muy pocas personas, pero cuando lo hago , es con decisión. No siempre elegí bien con quienes intentar ser yo misma, pero incansablemente lo intenté. La cruda verdad es que, siempre que abrí mi corazón, salí sangrando como consecuencia de guerras que nunca fueron mías, que no estaba dispuesta a pelear, que soporté sólo para alargar el inexorable final. Porque si peleo, es hasta que realmente no quede nada para dar, y mi única motivación es el amor. Tengo que querer mucho a alguien para quedarme, para estar en un solo lugar, sintiendo que pertenezco aunque no lo haga, para darlo todo de mí sin importar si eso implica quedarme con las manos vacías. Para muchos luchar significa perder o ganar, para mi es caer y levantarme, y que para cuando lo haga, sea con más fuerza y más endereza que antes. Me veo y no me encuentro, estoy cubierta de todas estas marcas, de luchas pasadas y presentes que parecen no desaparecer. Pero quiero más, quiero mejor, quiero ser yo, sin importar si eso no es lo que otros esperan, si no cumple con sus expectativas y los frustra. Quiero sentirme bien conmigo misma y permitir que otros me hagan sentir bien sobre quien soy. Me costaba entender que en realidad el problema de perderse a uno mismo, es que generalmente uno siempre lo hace en otros, y eso hice, mucho tiempo. Ahora si me pierdo, lo hago esperando que sea en mí misma, porque al menos adentro mío, se dónde y cómo encontrarme. Porque a fin de cuentas, cuando termina el día, sólo soy yo y mi reflejo. 

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