De pronto me azota esta sensación de ser pequeña. Me resulta tan familiar como extraño encontrarme sintiéndome menos, o lo suficientemente irrelevante como para no ser vista. Me inunda este gran vacío, uno tan existencial para mí como superficial para otros. Nunca suelo dar a conocer mis puntos débiles porque me dejan demasiado expuesta, pero no es secreto que éste es uno de ellos. Y aunque no se lo haya dicho, creo que él puede notarlo. Creo que sabe que soy una persona llena de inseguridades, aunque me muestre muy segura de lo que quiero. Creo que entiende que la inseguridades no tienen que ver con la personalidad de uno, sino más bien con esas marcas que uno lleva tatuadas en la piel, aunque no puedan verse. Y sólo se hace más evidente cuando dice que estoy linda y me cuesta mirarlo a los ojos. Mi instinto es agachar la mirada, como si la idea de que me vea más llamativa que a otras mujeres me avergonzara. Supongo que se que puede tener a quien quiera, pero me quiere a mí. Y creo que nada me incomoda que un hombre decidido porque, para ser sincera, no me crucé con muchos ellos. Debe ser por eso que nunca lo tomo enserio cuando me halaga, porque no se si es una forma de decir, o realmente lo piensa.
Hace un tiempo que vengo recayendo en viejos hábitos, en esos que nunca nadie notó a tiempo, que sólo pudieron ver cuando me hubiesen consumido lo suficiente como para ver algún que otro hueso resaltar un poco más. No me siento triste ni orgullosa, y la verdad es que aunque pueda ver mis heridas sangrar, no me duelen. Supongo que son esas situaciones que me superan las que me hacen terminar recurriendo a esos hábitos que me vacían, que liberan la tensión y dejan ver todas las palabras que nunca llegaron a pronunciarse cuando las sentí. Me alejo de la comida y de todos para hundirme en los cafés, como si eso me hiciera sentir mejor conmigo misma, como si se llenara un espacio que una persona no puede llenar. Pero él me mira y no ve defectos en mí, y de pronto siento culpa, por sentirme de esta forma, porque no quiero lastimarme cuando finalmente hay alguien que quiere hacerme bien. Pero es difícil explicarle a quienes te quieren que a veces la cama se agranda, y las paredes se enfrían porque nadie está cerca aunque todos estén ahí diciéndote que podes contar con ellos, y yo no estoy en ningún lugar en donde pueda ser encontrada.
A veces, estoy tan inmersa en mí misma que no se ni en donde buscarme. Y supongo que simplemente tengo miedo de que un día, cuando me mire, ya no esté ahí, que descubra que ya no me quiere, que ya no le gusto y ya no le alcanza conmigo. Porque todos los fantasmas de todas las mujeres perfectas con las que puede estar me acechan, recordándome cuan imperfecta soy para alguien como él y cuanto quisiera ser como ellas.
Hace un tiempo que vengo recayendo en viejos hábitos, en esos que nunca nadie notó a tiempo, que sólo pudieron ver cuando me hubiesen consumido lo suficiente como para ver algún que otro hueso resaltar un poco más. No me siento triste ni orgullosa, y la verdad es que aunque pueda ver mis heridas sangrar, no me duelen. Supongo que son esas situaciones que me superan las que me hacen terminar recurriendo a esos hábitos que me vacían, que liberan la tensión y dejan ver todas las palabras que nunca llegaron a pronunciarse cuando las sentí. Me alejo de la comida y de todos para hundirme en los cafés, como si eso me hiciera sentir mejor conmigo misma, como si se llenara un espacio que una persona no puede llenar. Pero él me mira y no ve defectos en mí, y de pronto siento culpa, por sentirme de esta forma, porque no quiero lastimarme cuando finalmente hay alguien que quiere hacerme bien. Pero es difícil explicarle a quienes te quieren que a veces la cama se agranda, y las paredes se enfrían porque nadie está cerca aunque todos estén ahí diciéndote que podes contar con ellos, y yo no estoy en ningún lugar en donde pueda ser encontrada.
A veces, estoy tan inmersa en mí misma que no se ni en donde buscarme. Y supongo que simplemente tengo miedo de que un día, cuando me mire, ya no esté ahí, que descubra que ya no me quiere, que ya no le gusto y ya no le alcanza conmigo. Porque todos los fantasmas de todas las mujeres perfectas con las que puede estar me acechan, recordándome cuan imperfecta soy para alguien como él y cuanto quisiera ser como ellas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario