20 de junio de 2016

Arms around a memory...

Mantenemos el contacto, aunque hayan pasado dos años desde Nueva York, aunque hayamos sido tan jóvenes cuando sus ojos verdes me miraron por primera vez, aunque esos mismos ojos miren a alguien más ahora. Lo cierto es que nunca podría olvidar la conversación que tuvimos el primer día que nos vimos, sentados en el pasto frío, con el sol ocultándose a lo lejos. Me dijo "quedémonos a ver el anochecer" y le sonreí. No podría haberme negado a una propuesta tan genuina. Y mientras hablábamos de la vida, de nuestros gustos, ese tipo de conversación que se tiene cuando apenas conoces a alguien, el sol fue ocultándose, lentamente, y sentí que estaba compartiendo algo más grande e importante que palabras. Cuando lo miré de reojo, mientras el reflejo del sol rojo teñía su cara, supe que algo suyo se iba a quedar conmigo. Supongo que fue el hecho de que no me haya dejado sola en ningún momento los primeros días, la rutina de desayunar almorzar y cenar juntos. Lo cierto es que no hablamos las mismas lenguas, pero el inglés es nuestro punto medio, es ese terreno que no es ni mío ni suyo, es de los dos. Cuando los días pasaron, nos distanciamos. La realidad es que nuestros horarios y clases no coincidían, y empecé a verlo siempre con una chica, ese tipo de chica que parece inofensiva pero que depreda, esa chica que al mes terminó siendo su novia. Entendí que tenía que retroceder unos pasos y mirar a otro lado, no me gusta meterme donde no se me llama. Empezó a serme indiferente y supongo que yo también empecé a serlo, no había nada más que hacer al respecto, era lo que era. El primer día parecía, a mi entender, muy lejano. Pero ahora, dos años después, un día me habla y me dice que tiene algo importante para decirme. Me da intriga así que presto atención. Me dice que nunca supo cómo decírmelo pero que siempre le gusté, que nunca creyó que fuese a darle la oportunidad de nada y que, de no ser por su falta de valentía, me hubiese terminado pidiendo que sea su novia. "Te quiero, siempre fuiste una buena amiga, pero cada vez que te miraba, yo quería más". Siempre tengo las palabras, pero cuando dijo todas esas cosas, yo simplemente me quedé muda. ¿Hablamos hace tanto tiempo y recién ahora me dice que siente cosas?. Todo sería muy distinto si hubiese dicho todo esto cuando me tenía enfrente. "Se que ya no es posible, por la distancia, pero quería que lo sepas". Supongo que la vida si se trata de momentos, un conjunto interminable de ellos, de detalles...detalles que omití sin notarlo, detalles que hacen a la historia en su totalidad. Quizás todas esas veces que él me miraba cuando yo miraba a otro lado, todas esas veces que no supo cómo acercarse a hablarme y yo no tomé la iniciativa, todas esas veces que lo miré de lejos y no me acerqué, todas esas veces que yo pensé que quería a esa chica y él me quería a mí. Le respondo e intento no parecer fría, pero estoy segura de que no lo logro. Estoy pensando en cuántas veces se me pasan cosas, personas, momentos y gestos, dándolos por sentado, mirando a un costado sin prestarles atención. Le pido perdón, por no haberlo notado y le reprocho que no lo haya dicho cuando podía, pero me retracto automáticamente porque se que ya no tiene sentido pelear con el tiempo. El pasado, es eso que no se puede cambiar por mucho que uno lo desee. Le confieso que también me gustaba y los dos maldecimos, los contratiempos y las omisiones. Pero finalmente desistimos, y lo hablamos como si se tratase de una anécdota, de algo que sucede cuando sos chico y pensas que las oportunidades se repiten infinitamente. Al final, lo importante es que los dos sabemos que Nueva York nunca va a ser tan hermosa como esa tarde de abril, con el sol escondiéndose y sus ojos mirándome. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Preview (of a disaster)

Solía conocerlo, tan bien. Solía pensar que lo hacía. Que conocerlo me daba un estilo de privilegio, de ventaja por sobre otras personas. Lo...