18 de febrero de 2016

Renacer.

No sabía si escribir sobre esto, no sólo por lo que me cuesta hacerlo, sino porque a veces cuando repetís las cosas tantas veces, sólo estas reviviendo algo que ya pasó. Y quiero dejar todo esto atrás, lejos mío, donde ya no pueda hacerme daño, donde ya no haya espacio para volver al mismo lugar. Pero esta soy yo, intentando, haciendo el esfuerzo, para estar mejor, para ser yo otra vez. 

Lo peor, son las noches. Cuando se termina el día y no estoy cansada, cuando el insomnio decide tomarme desprevenida. Que más que insomnio soy yo, pensando demasiado. Ansiedad, eso dicen que es. Será que yo lo siento como algo que va más allá de los nombres médicos que puedan darle a las reacciones de mi cuerpo a las situaciones cotidianas y las no tanto. Lo cierto es esto: en octubre me rompí, como en los viejos tiempos, igual o incluso peor. 

Antes cuando me pasaba algo, era porque yo me lo generaba, y era algo más interno que externo, era un dolor frío y duro pero mío. En este caso, las consecuencias surgieron de las acciones de otras personas. Personas que me hicieron mal sabiendo lo que hacían. No sólo sufría mi cabeza sino también mi cuerpo que, confundido por todo lo que pasaba y lo que no también, se desequilibró. Y supongo que en este momento no viene al caso qué fue exactamente lo que paso. Entendí que para poder perdonarme, tengo que perdonarlos a ellos primero. No hacerlo implica quedarme atada a acontecimientos de los últimos tres años, a personas que ciertamente no merecen que derrame una sola lágrima por ellos. 

Por primera vez en mi vida, tuve que pedir ayuda. Fue difícil, pero necesario. No dormía. Lloraba toda la noche, con un dolor horrible en el pecho, hasta que mi cuerpo ya no lo soportaba y cedía al cansancio físico. No sabía lo que era no estar en control de cosas que uno da por sentado que tienen que suceder como lo es el sueño. Estaba tan disociada de lo que pasaba a mi alrededor (e incluso dentro mío) que no había más remedio que tomarme un tiempo para estar conmigo, para centrarme. No se trataba ni siquiera de escapar porque no podía. Lo que me pasaba lo iba a llevar a donde fuera que estuviera. Estar en mi departamento, sola, sólo empeoraba las cosas. Me tomé un avión y me fui, lejos de todos y todo. Fueron veinte días de paz. Empecé a dormir otra vez y mi humor ya no era una montaña rusa, estaba mejorando. Por momentos, sonreía de forma genuina. Y no se si eran las luces de Nueva York o simplemente yo, cambiando, pero las cosas no parecían imposibles ni carentes de solución. 

Se que perdí algo de mi en el mes de octubre o quizás incluso unos meses antes, sin que pudiera notarlo. Y lo que me duele es que no haya sido por una elección mía. Un trozo de mi fue arrancado, con violencia, sin escrúpulos y crueldad. Nadie dijo nada pero todos lo presenciaron. Me vieron deshacerme en fracciones de mí misma que todavía me cuesta reconocer. Irme no alcanzó. Nadie quiso saber cómo estaba, prefirieron ignorarlo todo. Ahora, con un poco más de claridad, supongo que tenían miedo, como yo. 

Cuando volví pensé que todo iba a seguir bien porque ¿por qué no?. El lugar no podía ser condicionante de mi estado. O eso pensaba. La verdad que si lo era. No podía dormir otra vez, y comprendía que la ansiedad era sólo una forma de encuadrar mi situación pero no podía estar conmigo. Así se sentía, así se siente a veces. Aunque muchas veces lo intenté y lo desee, no podía y sigo sin poder hablar con nadie de lo que es porque las veces que lo dije en voz alta pude sentir el prejuicio apuntándome, directo al corazón. Creen que estoy loca, jodida o peor, creen que lo entienden y minimizan todo diciendo "ya se te va a pasar". Eso quisiera. Me gustaría poder decir que estoy bien, que ahora todo va a encajar en su lugar como un rompecabezas, pero sabría que estoy engañándome. Nada va a desaparecer. Sólo soy yo, con mis heridas abiertas y las cicatrices a flor de piel. 

Va a doler un tiempo más, lo sé. Pero en este instante, estoy aterrada. Otra vez siento que me desarmo, y la verdad es que no quiero decirlo muy alto porque todo esto lastima más a otros que a mí pero no, las cosas no están bien. Necesito tiempo y estar tranquila, o al menos creo que eso va a aliviarlo. Porque empecé a llorar otra vez y no se realmente por qué, sólo se que lo hago. No se si pierdo el control o sólo es esta sensación de tener la sangre hirviéndome en las venas. Son las 2 am y se que tengo que juntar mis pedazos en la cama, hacerme un ovillo y pasar esto, pasar la noche. Desearía que hacerlo fuera tan sencillo como escribirlo o decirlo. Con esto en mi cabeza, sólo puedo pensar en todas las cosas que valoro y cómo mueren o me dejan. Sólo eso, en repetición, y así seguirá hasta que vuelva a ceder al sueño tardío pero inevitable. 

Supongo que llegué a este punto donde tengo que encontrar las fuerzas y la voluntad para seguir adelante, para dejar lo que pasó donde pertenece, en el pasado. Dejé ir todo esto hace un mes, lo solté, y lo que ahora me persigue es el fantasma de quien solía ser y ya no soy. Ya no se cuantas veces morí, pero supongo que este dolor repentino significa estar renaciendo otra vez, entre las cenizas, encontrándome con nada más y nada menos que conmigo misma, al final del camino.



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