Pude sentirlo. Dejarme. Aunque no lo dijera, así se sentía. Como si me estuviese avisando que iba a romperme y tenía que estar bien con eso. En el fondo, desearía no quererlo como lo quiero porque entonces no dolería tanto y estas cosas serían mucho más sencillas. No estoy segura de cómo se supone que tengo que sentirme, de cómo debería reaccionar…pero estoy colapsada y sólo puedo llorar silenciosamente. Ya no tengo miedo de caer por estos espirales, pero sigue doliendo como si fuese la primera vez que lo hago. En mi cabeza circulan mil teorías de por qué esto esta pasando, formas en las que llegamos a este lugar donde no queda nada más que chocarse con el mismo muro. Ojalá entendiera que sólo me esfuerzo y que insisto no porque crea que estos ladrillos vayan a ceder, sino porque lo quiero y espero, con todo mi corazón, que pueda verlo antes de que el sentimiento se deshaga como yo lo estoy haciendo ahora. Ese es el problema con el amor, en cualquiera de sus formas. Es esta pequeña llama que se puede apagar de un momento a otro, cuando menos lo esperas, aún cuando querrías que no lo haga. Y ya no se cómo tomar las cosas porque pasamos del frío de la nieve al calor del fuego abrasador, del pasto verde al pleno desierto. No se si debería congelarme o quemarme, si reposar en el suelo húmedo o levantarme de este suelo árido imposible de tolerar. No se cuando va a terminar, todo esto. Y a veces simplemente me encuentro deseando que lo haga, que al menos tengas la valentía de ponerle un punto final porque estos puntos suspensivos me están matando, lentamente. No saber cuando, no saber cómo, sólo me pone peor. Tener que estar atenta a que toda esta fragilidad no se quebrante y termine en la nada misma. A veces cuando creo que todo terminó, que ya no queda nada, volvemos a chocar. Ya no se cómo es que lo hacemos, con que energía, si es voluntad o capricho, o si simplemente somos dos tontos cegados a tal punto que no podemos vernos a través de todos estos altibajos. Y sin importar si las cosas empiezan o terminan, me gustaría que sepas que nunca me importó si estabas roto, siempre quise a cada uno de tus fracciones. Pero empiezo a pensar que quizás vos no queres ver cuan rota estoy yo, y cuanto necesitan, cada uno de mis pedacitos, que los quieras sin pretextos, sin arrepentimientos, que los abraces…y no me dejes ir.
22 de febrero de 2016
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