12 de febrero de 2016

Me enojo, de la nada. En realidad no es con él, sino conmigo. Supongo que a veces colapso y no sé como tomar las cosas que dice porque se que muchas de ellas las dice sin pensarlo dos veces. No voy a justificarme ni mucho menos, mis enojos son míos, pero si es verdad que a veces me enojo porque querría que las cosas fueran de otra manera. Se supone que tengo una habilidad para esto de decir que me pasa, para escribirlo o simplemente pronunciarlo en voz alta, de forma directa, sin filtro, pero últimamente no lo hago, no con él. Supongo que es porque ahora hay más cosas de por medio, y quizás si, también sea mi temor a perderlo. Quisiera que entienda todo pero se que no va a hacerlo hasta que pueda hablar abiertamente de todo y me sienta segura, segura como para no pensar que cada cosa que diga puede hacer que cambie de opinión, se canse o decida que llegamos a algún tipo de límite que no le interesa transgredir. A veces creo que le contagio mi frialdad y pienso que debería alejarme, para no estropearlo todo (porque ya llegamos a la conclusión de que es mi especialidad). Y otras veces quisiera quedarme sin palabras como cuando me lastima. Mi acto reflejo e involuntario es lastimarlo de la misma o peor, y no quiero, pero lo hago porque muy en el fondo de mi recóndita cabeza se no quiero volver a elegir a nadie por sobre mí misma. Me conoce a tal punto que sabe que lo hago por eso, y me deja expuesta o así lo siento. Soy una mujer independiente y segura, no se hasta que punto, pero lo soy. Y él viene a decir que sabe cómo soy aunque no sepa del todo como llegué a ser así. "¿Quien se cree que es?" pensé muchas veces. Pero automáticamente me doy cuenta de que si no fuera nadie para mí, no me afectaría así. Espero que al menos sepa cuanto me duele no estar bien, o al menos con él. Supongo que me cuesta admitir que lo quiero y que lo extraño cuando no está cerca. No se si lo sabe o es totalmente consciente de que estamos en el medio de dos mundos, entre lo que se dice y se hace, entre lo que escribimos y lo que realmente somos. Quienes somos. Y temo que no haya más que esto, que no hayan risas ni abrazos ni charlas livianas (aunque sean de temas superfluos e insignificantes) o incluso las intensas. Lo cierto es que no me importaría compartir la verdad de la vida, lo malo y lo bueno. Podría soportarlo y hasta agradarme si tan solo fuéramos reales. Si tan solo no fuéramos palabras que el viento algún día se puede llevar. 

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