20 de enero de 2016

"Se que técnicamente está mal. Así lo siento cuando no puedo encontrarle explicación. Cuando lo extraño, tengo esta sensación de vacío en el estómago, como si quisiera extirpar algo que en verdad, nunca estuvo en mí. Como muchos dicen, no se puede dejar ir a alguien que nunca fue tuyo. Esta noción, es simplemente todo lo preciso, lo único exacto y certero que puedo expresar de lo que me pasa. Cuando no le hablo, es como si me faltara algo, como si estuviera perdiendo una parte de mí. Odio sentirlo de esta forma porque todo esto podría explotar en mis manos, y la única que sufriría las consecuencias sería yo. Me siento prescindible y supongo que él tampoco se gasta en demostrarme lo contrario. Se que estaría bien sin mí. Pero la pregunta que me acosa es si yo lo estaría sin él. Lo cierto es que me gusta tener a alguien con quien hablar, me gusta hablar con alguien aunque a veces no hable ni de mí, aunque a veces nuestras conversaciones sean sobre él y nada más. Quizás disfruto estar en contacto con él porque me permite no pensar en mis problemas, pero de tan sólo pensar que estoy tan jodida como para aceptar que alguien me lastime con tal de saber que hay alguien que a pesar de todo, está ahí para mi, me pone peor. Estuve intentando ignorarlo, hasta que pueda poner mis ideas en orden. Aprendí por experiencia propia que no hay nada peor que la indiferencia, y fue inevitable que los primeros días lo único que pudiera hacer fuera pensar en lo imprudente que soy, en cómo dejé que todo esto me calara tan profundo. Pero, por mucho que lo evitara, después solo pude encontrar excusas, una atrás de la otra, para convencerme de que, sin importar cuanto pudiera lastimarme, no podría dejarlo..."


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