14 de febrero de 2018

Walls (falling down)


Todo el mundo lo vio, fue casi como algo que todo el mundo se veía venir, todos menos yo. Supongo que a veces uno encuentra este don (que al mismo tiempo es una maldición) de ver en algunas personas aspectos que uno cree únicos, cuando no son más que ilusiones creadas por la propia cabeza que, al mismo tiempo, hace corto circuito con el corazón. Pensás que esa persona es todo eso que está bien, todo eso que ni tu peor vos sería aunque lo intentase, todo eso que nunca esperabas que llegara a tu vida. Nunca te aseguras de recordarte que la otra persona es persona, y justamente, está plagada de tantos defectos como virtudes, y que a veces lo que parece un corazón transparente no es más que un corazón vacío, muerto en vida, incapaz de sentir a menos que le hagan sufrir y encuentre placer en ese sufrimiento. Nunca pensas que los ojos de quien observas son la mirada de una persona profundamente perturbada por la vida que en parte le tocó y en parte eligió para sí. Será que cuando queres a alguien con todo tu corazón simplemente ves todos esos motivos por lo que te quedarías a su lado, aún cuando los motivos por los que deberías irte los dobleguen, aunque te eche a patadas, aunque en el fondo sepas que no merece tu esfuerzo ni tu presencia. Pero no, no fue hasta que mi vida estuvo en riesgo y él me hizo lo que le hicieron mil veces a él que comprendí que no iba a dejar que mi corazón se intoxique con la verbena que oprimía a su corazón porque yo sí, yo quería vivir. Ya había muerto en un quirófano y esa es la vida que conseguí de repuesto, esta es la vida que yo sí quiero vivir. Con o sin él, iba a seguir. 
Pero sí, eso era él, un alma tan perturbada. Difícilmente se podía ver que es lo que escondía atrás de cada acción, de cada palabra. Muchas veces simplemente encontraba que flotaba alrededor suyo, como extasiada por cosas que nunca me daba. De a poco, Bella aprendió a aceptar y querer ciegamente a la Bestia, segura de que eventualmente él iba a mostrar gratitud porque se quedase, por que lo cuide, porque le importe así. Y aún así, no me sorprendí cuando supe que la sangre que le corre por las venas nunca fue roja sino más bien negra cual signo de la intoxicación que me generaba el veneno que inyectaba en mi corazón entre mentiras y palabras que ni él mismo se creía. Quizás debería intentarlo solo para ver que tan sólo se queda si se arriesga a usar su verdad como estandarte, esa que yo escuché y comprendí con naturalidad, es que nadie quería escuchar. Quizás él debería contarle a todo el mundo lo que realmente piensa, cómo realmente se siente cuando siente, quizás así conocerían un poco de lo que yo ví, quizás entenderían la razón por la que corrí, muerta de miedo, consumida por el dolor de quien pierde a un ser querido. Y aunque te sientas como que sí, entendes que las perdidas no siempre hablan de muerte, a veces simplemente hablan de elegir un camino mejor, las perdidas a veces son el mejor sacrificio que uno puede realizar, aún cuando en el momento parezca el final de todo lo demás. Quizás sea que al jugar con la muerte y sobrevivir se sintió invencible, quizás olvidó de nuevo la razón por la que todo llegó a un punto de quiebre en que todo parecía terminado, quizás piensa que esta historia es nueva pero no...él es una colección de repeticiones de todos esos errores que lo llevaron a maldecir su propia vida una tarde de agosto.
Siempre pensé y me convencí de que la vida lo había golpeado duro y que no era su culpa ser como era (y es), que en cierto punto estaba justificado a actuar como lo hacía por las cosas que le acontecieron, pero siempre sostengo que hay una diferencia abismal entre quien es estúpido (y comete estupideces) a quien simplemente es una mala persona, quien sólo sabe ser un hijo de puta porque puede, porque cree que nunca las va a pagar con creces, porque cree que que puede decidir quien puede merecer su maltrato, sus malas formas, sus silencios, su indiferencia y todas esas palabras que usa de arma cargada para matar. Ese era él, el hijo de puta. Y no se cómo es que pensé que merecía mejor porque no lo hace, no merece más ni mejor de lo que tiene justo ahora. Se merece las mujeres con las que está, sí, con la que está ahora, a las que elige de buena voluntad aunque nunca lo elijan a él, se merece que no les importe su vida más que una hora en el gimnasio o el trabajo o una salida con amigas, que prefieran no atenderle el teléfono aunque sepan que está en al borde de una crisis existencial...aunque sepan que lo pueden perder sin vuelta atrás. No es consciente de que su forma de encarar la vida lo convirtió en un vaso de tequila a medio tomar, tan agrio y barato que nunca podrían llegar a quererlo hasta el final, aunque sea de un trago y sin pensar. Siempre lo vi beber del propio veneno que consumía, quejándose de los resultados, sin parar de hacer exactamente lo mismo, y es por eso que se, a ciencia cierta que, cuando el vaso quede vacío, como su alma, va a volver a acercarse al abismo, buscando respuestas a las mismas preguntas de siempre, sólo para ver que está donde merece, sólo para ver su reflejo en la nada y encontrarse con el karma del que tanto se burló cuando le dije que todo lo que uno da en la vida es lo que, tarde o temprano, a uno le vuelve.

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