Probablemente se pregunta qué nos pasó, como si no existiera explicación, como si no alcanzara con saber nuestra historia. Puedo darme cuenta que de que ya no mueve nada adentro mío. Es como si él hubiese dejado de ser la persona a la que tanto quise o quizás, un opción mucho más probable, yo dejé de ser la persona que tanto lo quiso a él.
Pero no puedo explicar el silencio. Eso es lo que queda cuando se va. Y cuando vuelve, algo que sucede a menudo, todo se transforma en bullicio. Siempre me encuentro descubriendo lo difícil decirle que no. Difícil es no estar ahí cuando me necesita, aunque sepa que él nunca haya ni vaya a estar cuando yo lo necesito. Nunca va a estar tan interesado en mi vida, en mis problemas, en como estoy, tanto como yo lo estoy por él. Porque nunca fuimos iguales, nunca llegamos a terreno neutro, y creo que es por eso que siempre encontramos formas de alejarnos, excusas para justificar el hecho de que estar juntos, realmente juntos, sería de alguna forma encontrarnos y perdernos para siempre.
Estoy dispuesta a estar y después desaparecer, a ese espacio en donde estuve todo este tiempo que no estuve, pero dice que se rompe, e instantáneamente algo se rompe adentro mío, porque aunque ninguno de los dos sepa admitirlo en voz alta, nunca pudimos soltarnos. O quizás no querramos. Quizás nunca estemos lo suficientemente listos para dejarnos ir.
Supongo que aunque él haya matado todo en mí, yo sigo eligiendo salvarle la vida. Por los viejos tiempos, esos que nunca van a volver.

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