Sin importar cuantas horas duermo, no descanso. Se me hace difícil a veces ir al trabajo y hacer como que estoy bien. A veces puedo, pero otras no. No me pongo de mal humor con el resto porque si me enojo con alguien, es conmigo. La verdad es que nunca puedo deducir como es que lo hace, pero es la única persona que parece conocer mis formas. Cuando abro la puerta, instantáneamente tengo sus ojos clavados en mí. Sólo es él y el silencio de la mañana. Entonces me relajo porque se que no es necesario pretender. Se toma dos segundos para planear como abordarme. Cuando es una mala mañana le dirijo una de mis sonrisas que se deshacen apenas pierdo contacto visual. Se levanta de su lugar, pone música en su celular y me da un beso en la mejilla. Y justo cuando creo que va a sentarse, se pone a bailar, y lo miro por un momento con mala cara hasta que se acerca a mí, de a poco, y me río de sus movimientos, de que sea tan temprano y él esté de tan buen humor. Son los nervios supongo, lo conozco, pero siempre sabe como intimidarme de una forma muy suya. Pero entonces se ríe a mi par, no busca incomodarme, sino sacarme una de esas sonrisas genuinas. Me agarra por el codo y me roza la espalda. Creo que por un momento, que para mí pareció eterno sin importar si fueron sólo segundos, contuve la respiración y lo mire fijo, sin correrle la mirada. Por poco no nos caemos por no hacer otra cosa que mirarnos. Empieza a reírse otra vez, esta vez sólo, y se que ahora él también está nervioso. Pienso que va a alejarse pero me toma por sorpresa y me abraza. Pasa sus brazos por encima de mis hombros y me estrecha contra su pecho. Siento que voy a deshacerme porque fue una semana complicada, porque no me había dado cuenta hasta ahora de que esto es lo que necesitaba, lo único que quise en silencio era un simple y sentido abrazo, uno que lo entendiera todo sin palabras. Pienso en quedarme quieta, en no moverme, pero decido que no tengo que ser fría con él también, así que lo rodeo por la cintura y me aferro a su espalda, sin miedo. Cierro los ojos y me quedo ahí, deseando que ese fuese mi refugio. Me doy cuenta de que es demasiado bueno para ser algo cierto cuando me suelta. Y sin importar mi falta de sueño o sus torpes pasos de baile, no puedo negarle lo que estaba buscando: una sonrisa, una muy mía, sólo para él.
8 de abril de 2016
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