27 de enero de 2016


Es verdad. Si me dan a elegir, voy a elegir escapar. No porque necesariamente lo necesite ni porque lo desee, simplemente porque es lo que siempre hice. Nunca fui el tipo de persona que habla las cosas hasta que se resuelven, siempre fui introvertida y encontraba mi espacio entre palabra y palabra, entre conjunciones que nadie entendía y que para mí tenían sentido. Sigo siendo la misma esencia, sólo que la vida me obligó a moldear mis formas, aún cuando no estaba dispuesta a hacerlo. Resistirse al cambio suele ser peor que aceptar que es lo natural, lo que está destinado a suceder. Nunca me sentí parte de los lugares ni me até a muchas personas porque las pocas veces que lo hice, todo salió mal. Pero entiendo que no por las malas experiencias del pasado, tengo que cerrar todas las puertas cuando se abren. Estoy intentando flexibilizarme, sin cambiar quien soy. Estoy intentando ver más allá de mis límites. No es que quiera hablar del tema, ni decir absolutamente todo lo que me pasa dentro, pero tampoco puedo dejarlo sólo para mí. Y por más que ame correr de todo, de los problemas, de mi cabeza y de la vida misma, estoy dispuesta a intentar correr para llegar a otro lugar, uno mejor. Ya escribí el libro sobre escapar, y ahora, quiero escribir el libro sobre sembrar, sobre crecer desde los cimientos sin necesariamente perderme en el camino.



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