25 de octubre de 2012

Cosas que no se olvidan.

Estaba ahí cuando me querías, me acuerdo cuando me mirabas de esa forma, de esa forma enamorada. Eras un niño, esperanzado, un niño, sonriendo, un niño, iluminando mi camino. Bajo mi sonrisa, escondía todos estos sueños que tenía con vos. Vos recibiéndome en tus brazos, dándome un lugar en tu mundo. Recuerdo tus palabras, lo recuerdo bien, me cuesta olvidar esos enojos que tenías que nunca lograba entender, y esas reconciliaciones que valían cada segundo de distancia pero que no compensaban del todo lo mucho que te echaba de menos cuando no estabas conmigo. Estaba ahí cuando me decías que todo iba a estar bien, incluso cuando sabías que era una mentira, cuando me tomabas la mano y me reconfortabas en los malos días. Recuerdo que te gustaba que fuera yo, que me dejara el pelo suelto y corriera ese mechón de pelo que solía caer sobre mi cara, te gustaba ver mis ojos y suspirar. Te contaba todas las cosas que me gustaría hacer y que no hago porque me entra la timidez y pienso en que pensarán de mi. Me mirabas con esa mirada dura y convencida, encendida, y me decías que era hermosa así como era. Nadie nunca me dijo tantas veces hermosa como vos. Nadie me lo dijo así, queriendo y sabiendo lo que decía. Me hacías reír y me abrazabas porque te gustaba verme felíz, rebosando luz. Lo recuerdo todo, cada detalle, cada minuto a tu lado, cada minuto de sufrimiento sin vos. Recuerdo todo, muy bien, y más aún, recuerdo tus ojos que sin mirarme se despidieron de mi. Si hay algo que recuerdo, es tu adiós, el antes y el después.




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