5 de junio de 2012

Basta de engaños.

Y vuelve, como siempre vuelve, como una plaga que arrasa con quien está debil. Anorexia y bulimia vuelven a mí y me atacan, atacan mi espejo y lo llenan de malas palabras, de dolor. Puedo ver como me resquebrjo en ese reflejo, en esa proyección que deseo que no sea verdad. Lloro, intentando encontrar consuelo o al menos una respuesta que me devuelva, diciendome que soy hermosa, que al menos no soy lo suficientemente fea para volver a recaer en el mismo pozo, por la misma razón. Pero ya no me alcanza con las proezas que pueda decirme a mi misma. No soporto ya verme en las fotos, no soporto escuchar a mis papás decir cuan gorda estoy. Me parte el alma en mil pedazos no poder sentirme bien incluso cuando lo tengo todo para estarlo porque sí, es verdad, no puedo quejarme de nada de todo lo demás: trabajo, estudio, una oferta para escribir un libro, casa, familia, comida, educación. Debería agradecer. Debería sentir que cuando sonrío lo hago porque realmente soy feliz. Ya saben como dicen por ahí, ni todo el oro del mundo puede comprar la felicidad, soy la indicada para decirlo porque cuando llega el momento de la verdad, cuando papá me pregunta si soy feliz, sólo ahí, comprendo y puedo ver claramente que no, no lo soy.

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