Hay mucho de por medio, tu cuerpo y el mío. Entre medio de tu alma y la mía. Te quise tanto, mierda, si eso no es querer, entonces me declaro una desconocedora del amor. Me daba verguenza hablar de esto, hablar de un amor que es construido a pesar de la distancia, a través de los kilómetros. Y digo verguenza porque no se que término usar, no se cómo se explica que quieras tanto a alguien que está tan lejos, con quien mantienes una relación basada en mensajes, llamadas y limitarte a verla (si es que acaso es una posibilidad) una vez cada tanto. Pero el amor dispone, y no pude verte venir, no pude prevenir que todo esto pasara. No pude evitar quererte como si me muriese en tus palabras. Y la distancia, me importaba poco y nada, la distancia era sólo una excusa, era un fin que nos llevaba siempre a construir algo cada vez más fuerte, para estar preparados ese día que nos viésemos, y soportar, el corazón salirse del pecho, los nervios y el color rojo en las mejillas que nos iba a azotar sin control. No puedo ocultarte más. No puedo decir que no fue nada. Fuiste y serás porque marcaste mi caminar. A mi me alcanzaba con verte, a través de estas tecnologías que me permitían casi rozar tus ojos a través de una pantalla y saberte vivo, tu existencia era un elixir, era una cura, era mágia. Me enseñaste que las cosas van más allá de lo físico, y yo te enseñé que no está mal querer a alguien. Te dejsate en mis manos y yo en tus laureles. Llamabas y para mí el mundo se detenía, cerraba la puerta de mi habitación, me sentaba en el borde de mi cama que da a la ventana y te imaginaba acostado en tu cama, mirando el techo, preguntandote que sería de lo nuestro, que sería de vos y yo si al menos estuviesemos más cerca. Me encantaba imaginar tu mano, rozando la mía, sujetándola con esa calidez que desprendía tu voz, con esa ternura que guardaba para mi tu mirada. He escuchado decir que así se desvirtualiza el amor, pero el amor es lo que es. No viene en frascos del mismo tamaño, ni posee un color determinado, ni se elige por ubicación geográfica y mucho menos económica. Que digan lo que quieran, que digan que eramos ilusos, que soñabamos por demás, que eramos inmaduros, que estabamos locos...
Sí, yo estaba loca de amor por vos. Y ni las montañas, ni el mar, ni el continente me limitan. Mi amor por vos no tiene límites. Nunca los tendrá.
P.D: Se que lo estas leyendo. Sonríe por favor, que siempre adore esa sonrisa.
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