Leo cada una de las cartas, y todavía me encuentro en algunos recovecos de esas palabras escritas por ese amor innegable e incondicional que guardaba en mi."...Soy feliz de hablarte y de que me hables. Me haces tan bien con tus palabras que me pregunto si podrías incluso hacerme volar con un poco de tu amor...Te extraño con todo lo que tengo en mi...Espero que nunca olvides de que estoy presente hasta cuando no me veo ni me siento escuchar. TU Mai....". Leyéndome me invade una sensación ajena a las que suelo sentir: tranquilidad. En estas cartas no hay respuesta, no hay otra voz que no sea la mía. Cuando las escribí me sentía completamente desolada por no poder enviarlas, por saber que aunque lo hiciera, nadie las leería. Ahora solo queda una repentina paz. No hay nadie que las rechace, no hay nadie que opine si estaba bien o mal cuan locamente enamorada estaba. ¿Era esa la palabra no? ¿La que no nos animábamos a usar?. Es lo que era. Amor. Uno que nunca jamás volví a sentir, no igual. Y si me preguntan cómo es que sucedió...les explicaría como nos vimos, con transparencia, sin escondernos nada. Nos desnudábamos el alma, diariamente, por años.
Decido que ya leí demasiado. Al menos de mis palabras. Me pregunto cómo hacer para procesar lo que sigue si hasta me cuesta leer lo que mi antiguo yo tenía para decir. No es lo mismo leer un sentimiento familiar que revivir la forma en que él se retraía como lo hacen las hojas de papel al quemarse. Quiero mantenerme sólida cual una roca sin vida, pero me desbordan todas estas emociones, sensaciones y sentimientos. Desearía emborracharme para pasar este mal trago, de encontrar esto justo ahora. Siento que no es coincidencia que lo haya encontrado, como si parte de la energía que nos unió por entonces dictaminara que si yo estoy pensándolo, él tiene que estar pensándome. Somos parte de esta sinastría. Estaba escrito que nos encontremos, casi como si nos conociéramos de vidas pasadas. Se que diría que no cree en esas cosas, pero también se que si le explicara mi teoría, estaría dispuesto a replanteárselo. Es energía, ese hilo invisible que une a algunas personas. Lo que teníamos era raro, e increíblemente precioso. No puedo describirlo de otra manera. Sirvo otro vaso de coca zero con vodka y esta vez lo tomo rápido hasta casi la mitad con la prisa de apagar el recuerdo. Me quema la garganta, pero no más de lo que me quema la incertidumbre del porvenir.
Uso el mismo coraje con el que le hablaba a su fantasma para abrir la siguiente carpeta. Al hacerlo aparecen de golpe todas las conversaciones que tuve con la antigua aplicación de MSN. Me deslizo hasta la "P" y me detengo en seco al ver su usuario. Puedo sentir como el corazón se me sale por la boca. Me miro las manos como acto reflejo de la disociación a la que tengo que recurrir para mirar de afuera los restos una ciudad arrasada en la que un día nos paseábamos juntos. Desearía no recordar cómo es que casi lo tuvimos todo. Me sacudo la idea y termino el segundo vaso replanteándome no seguir. Supere tantos desafíos, no voy a retroceder ahora, no pienso perder esta batalla. Respiro hondo, preparo mi corazón para el siguiente disparo y abro uno de los dos documentos que aparecían. No reza fechas, sólo la conversación, ida y vuelta. Miro al techo buscando la fortaleza de cualquier Dios que esté dispuesto a prestármela por unas horas más.
Cierro los ojos como acto reflejo de la tensión que se respira aún siendo la única en la casa. Cuando los abro, lo primero que leo es lo siguiente "eres la chica más dulce que conozco, es decir, no te he visto ni una vez en mi vida (en persona) y llevamos un año y más hablando y mira, nos conocemos como de toda la vida...". Puedo sentir la emoción de mi antiguo yo cuando leyó eso, pensando probablemente que no era normal lo que sentíamos, intentando a toda costa racionalizar algo que no tenía lógica bajo ningún punto de vista. Pienso en lo difícil que fue para esa versión mía luego superar un sentimiento de esa envergadura. ¿Cómo se supera una conexión así?. Cualquier relación que tuviera, no podía ni competirle a Pedro, que estaba a 10 mil kilómetros de distancia. Me sonrío como si existiera un chiste esotérico que sólo él y yo pudiésemos entender.
Nunca pensé que leer nuestras conversaciones podía sentirse como estar leyendo una historia de Wattpad. No puedo frenar la inercia de dar a la 'siguiente página' cuestionándome constantemente cómo es que terminamos como terminamos. Me pregunto como un amor así puede rugir tan fuerte y morir de una manera tan solitaria. Intento distraerme y evadir mis pensamientos. Me sirvo el tercer vaso, cada vez pongo una porción más grande de vodka. Vuelvo a lo mío y me asombra que haya hasta constancia de las veces que hacíamos videollamadas. Solíamos hablar por la computadora mientras nos veíamos generalmente porque su padre no lo dejaba estar conectado en horarios estrambóticos. Ambos madrugábamos asiduamente para encontrarnos. La diferencia horaria no fue nunca un impedimento para tener un terreno común. Para encontrarnos. Nadie hubiese podido privarnos de ese momento. Nos acompañábamos estudiando. Nos alentábamos y aconsejábamos como si realmente nos conociéramos de toda la vida. Me sorprende la calidez que me recorre la piel cuando leo sus palabras: "...Mai, eres especial para mi, te haz ganado un pedazo de mi corazón...". Llego a la conclusión de que hubiese sido imposible no terminar acá. Lo que teníamos era legendario, ese tipo de historias que los viejos le cuentan a sus nietos cuando hablan del gran amor de su vida, ese que perdieron por falta de agallas, o por satisfacer la expectativa de todo su entorno dejando de lado el deseo propio. La idea me resulta bastante triste, no voy a negarlo. "Eso es porque hubieses preferido que se quede", me digo a mi misma. Paso un rato en silencio sin darme cuenta de que estoy llorando, de nuevo. Ya no es a causa del nerviosismo, la ansiedad, ni la angustia. Miro el piso, un poco derrotada, y me invade el mayor de mis miedos. ¿Qué pasa si hasta en el final de mis días me quedo sintiendo que Pedro fue la mayor pérdida de mi vida?...
CONTINUARÁ...

No hay comentarios:
Publicar un comentario