No pretendo ser comprendida por mis decisiones. Sólo espero que quienes no las comprenden, al menos las respeten. Cuando le dije a mamá lo que me había dicho el cirujano, ella se enojo mucho conmigo. Dijo "seguro hay otra forma de arreglarlo" y yo volví a explicarle, más lento, pero ella se negaba fuertemente a la idea de que algo estuviera mal conmigo. Y se enojaba, no me hablo por casi un mes y yo la dejé porque se que tampoco debe ser fácil para ella. Papá confía más en mí y en los médicos, sabe que tengo un margen bajo de imprudencia, y que si realmente se va a hacer, es porque es necesario. Pero estoy rota, en tantos pedazos que no puedo ni contarlos. Viví toda esta vida, llena de dolor y sufrimiento, pero siempre fui sana. Siempre podía decir que las cosas podían ponerse peor. Pero ahí estaba, en ese "peor" que creía inalcanzable. Y lloro por las noches, porque no tengo nadie con quien compartir la ira y la impotencia, lloro porque no me quiero morir. Toda mi vida jugando entre la vida y la muerte, y ahí estaba, todo resumido a unos meses.
Despierto al día siguiente, o más bien me obligan. Reducen el nivel de drogas e inevitablemente me arrebatan el sueño, aunque esté más comoda ahí que en una camilla. "Tenes que al menos tomar un té", y veo a la enfermera con una bandeja en las manos. Mamá está sentada en un sillon a mi derecha y papá parado al lado mío dispuesto a alimentarme como si fuese todavía un bebé. "¿Qué paso?" balbuce, con la boca seca y dolorida. Mamá se percata de que me desperte y se para rápido para agarrarme la mano. "Volviste muy dolorida del quirófano, tuvieron que darte analgésicos fuertes", y pregunto de nuevo lo mismo, porque no es respuesta la que me dan "es que te fuiste..por un momento...casi te perdemos" y se le quiebra la voz de nuevo...creo que nunca vi a mamá así de triste. Papá está tranquilo aunque tiene un semblante de no haber dormido ni un poco. Y yo que pensaba en ese sueño blanco, en esa tranquilidad, que estaba lejos de esta realidad golpeada.
Morí...Intento recordar algo, de lo que pasó, pero solo recuerdo el dolor punzante y el silencio, la paz anulando todo lo demás. Me quedo en silencio y dejo que papá me de cucharadas de té, como si fuera el mejor oficio al que se puede dedicar. Sólo cuando quiero levantarme e ir al baño me doy cuenta de lo mal que me siento. Tengo que moverme con este armatoste donde está el suero y el resto de las medicinas. Las enfermeras le piden a mis papás que salgan de la habitación y me cambian, me ayudan a ir al baño aunque no me dejan quedarme sola. Pensé que podía pero no puedo ni sentarme. Les pido que al menos me den un segundo a solas, y acceden de mala gana quedandose afuera del baño, con la puerta entre abierta. Estoy muy mareada, pero quiero verme en el espejo. Si morí y volví, ¿sigo siendo la misma?.
Tengo miedo y me acerco con cautela al espejo. Y me siento horrorizada por mi imagen. Tengo el pelo enmarañado, mi cara literalmente no tiene color, estoy blanca como un fantasma, rozando el violáceo, mis labios están secos y quebrados, tengo ojeras, y cuando me subo la bata observo las heridas de guerra. Mi estómago se volvió una mina, todo con moretones, y los seis tajos con sus respectivos puntos. Tengo una cinta alrededor de mi esternón que sostiene el drenaje que es terriblemente molesto y doloroso. Me miro por unos minutos y no parezco encontrarme. ¿Quien es esa persona que está ahí?...y se que sea quien sea que es...no es quien solía ser 30 horas atrás.

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