Fui muy lejos para llegar hasta donde estoy. Tuve que caer y perderlo todo, vi cómo todo se deshacía ante mis ojos pese a todo el esfuerzo que hacía para que las cosas se sostuvieran sobre ese delgado hilo que parecía todo poderlo. Nunca pude imaginarme que cuando todo terminara, nada de todo eso iba a importar. Si me alguien me viese ahora, no me reconocería ni aunque lo intentara porque aunque nadie lo sepa, nada es como solía ser. Y no se como describirlo, no se como explicarlo, pero de todas las palabras que todavía no tienen letras, sólo puedo decir cuan necesaria fue esa caída. Si todo hubiese persistido como venía haciéndolo, no hubiese encontrado la salida. Me la pasaba intentando ser la persona que otros querían que fuese, perdía mi fe porque ponía mi fe en otras personas, y todas mis decisiones parecían fuera de lugar o de tiempo porque nunca las pensaba como consecuencias para mí, sino como airbags para el resto, estrellándome constantemente contra paredes para que nadie más sufriera los daños colaterales de la vida misma, de querer, de implicarse. Estaba adormecida por una realidad que me sobrepasaba, estaba rodeada de personas pero ninguna me hacía sentir como hubiese querido y terminaba sintiéndome terriblemente infeliz y vacía. A veces la vida simplemente es este gran espacio en blanco que pesa más que todas esas palabras que suelen llenar una página, y uno aguanta, pensando que la vida no gira entorno a uno, cuando en realidad sí lo hace. La vida es un reflejo de uno mismo, de los errores y los aciertos, de lo que uno quiere y desea, e incluso de esas cosas que nos hacen ir del pánico al miedo paralizándonos. La vida puede ser muy estática y tenerte en pausa por mucho tiempo, y aunque todo se mueva, vos pareces estancado en situaciones, con personas y lugares que no te hacen bien. Por eso cuando uno piensa que le esta fallando a otros, debería preguntarse si no se esta fallando a sí mismo, pensando siempre en el otro, cuidando a otros de todo eso que a uno lo aplasta y deja sin aire. Solía ser muy egoísta conmigo misma, y eso me llevó a lugares muy oscuros donde siempre estuve sola. Y cuando cambié de vida, decidí desafiarme a aprender que no tiene sentido sujetarse a cosas, personas, lugares y momentos. Muchas cosas son pasajeras aunque se sientan eternas, y lo único que va a quedar cuando todo el resto termine es uno mismo con los remanentes de aquello por lo que hayas luchado. Si vas a aferrarte a algo para siempre, que sea de vos mismo. Y nunca te dejes ir.
30 de julio de 2017
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