Como cualquier principio, se siente bien. Es esa magia que no se evapora, esa sensación de plenitud que nadie puede borrar por mucho que lo intenten, esas sonrisas que hablan sin decir nada, esos juegos adolescentes que te hacen reír aunque sepas que son estúpidos y carezcan de sentido. Lo conozco hace cuatro años, y se siente como si todo el tiempo descubriera cualidades suyas que me gustan. Y si, tiene esos defectos inevitables, que cualquier ser humano tiene. Pero en vez de quejarse sobre sus falencias, siempre hace el esfuerzo para estar mejor, para ir hacia adelante aunque a veces la vida tire hacia atrás. Me gusta de la misma manera en que a él le gusta el whisky, mucho. Me gusta que intente dejar de fumar, aunque a veces sean intentos frustrados, aunque signifique dejar de verlo pensar en nada con un cigarrillo entre índice y dedo medio. Me acuerdo cuando lo veía dibujar, y le preguntaba que hacía estudiando sobre leyes que nadie respeta, si tiene ese don para pintar el mundo de distintos colores. Pero creo que, como la mayoría de las verdaderas maravillas, desconoce lo increíble que es. Supongo que aparte de estar enloquecida con su forma de ver el mundo, lo estoy con esa forma que tiene de hacerme sentir mejor, de empecinarse con verme sonreír y reír hasta que me duelan los músculos de la panza. ¿Cómo es que no le di una oportunidad antes? estaba loca cuando me invitó a salir y le dije que no, estaba loca por insistir con otro hombre que poco merece de quien soy, de lo que le di y no valoró. Hoy mientras intentaba jugaba con sus manos, y él me dejaba rozarlo como si lo necesitara tanto como yo, se me dio por sacarle una pulsera que tenía en la muñeca izquierda pero entonces me detuvo y cuando lo miré fijo le dije "sabes que suelo conseguir lo que quiero" y me dedicó una de sus sonrisas cómplices mientras cedía su puño y me dejaba llevarme algo suyo, que más que un objeto, para mí es un permiso a quererlo. No dijo nada, pero por primera vez pude ver que lo puse nervioso, nervioso como cuando él se acerca a mí y puedo sentir la electricidad. Ninguno de los dos puede negar la química, y cada vez que me roza muero por ir por un poco más, de llegar a donde sea, aunque sea en silencio y sin que nadie lo note. Por un tiempo lo ignoré y por otro largo lo evité, no quería cruzar una línea que implicaba un riesgo, pero no puedo luchar contra esto. Supongo que todo este tiempo tuve miedo de estar con él porque tenía el corazón lo suficientemente roto como para abarcar a dos, y nunca podría hacerle mal a alguien como él que no necesita descalificarme para sentirse más hombre, que sólo sonríe genuinamente y no con ese esbozo de malicia que a veces se confunde con pasión, que no es nada más que un juego barato, un juego para perder. Ahora sólo quiero estar cerca suyo, en ese espacio donde ningún otro nombre puede competir.
31 de agosto de 2016
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