¿Y que más da? si es verdad o es mentira, si me quiere o no me quiere, si es conmigo o sin mí, si otra le quita la respiración mientras yo contengo el aliento por él, si termino dejando de lado mis intereses personales para que él se sienta más cómodo consigo mismo, si él se guarda el amor en los bolsillos sólo para no compartirlo conmigo. La verdad es que quise ponerle punto final, durante meses, y no encontré la forma. No encuentro cómo porque, en el fondo, no quiero saber cómo sería volver a foja cero. Y quizás estar sola sería mejor, porque al menos sería sólo yo, con lo mío, prestándole atención a esos hombres que sí están predispuestos a quererme. Y la verdad es que no importa si me miente, porque se que lo hace, pero a decir verdad, ya me importa una mierda. No quiero saber, es mejor que no sepa. A veces algunos espacios en blanco están hechos para que nadie los rellene, son esos silencios incómodos que dicen más de lo que ocultan, pero que están bien siendo lo que son. Y puede que querer a alguien como él me vuelva una estúpida más, de esas mujeres que lo van perdiendo todo por alguien hasta que se cansan y después él se da cuenta de lo que tenía y está perdiendo, obligándolo a fingir que no quiso hacer lo que hizo, que va a cambiar, que va a hacer todo lo que no hizo cuando pudo y eligió no hacerlo. Ya saben. La típica historia de cuento moderno. Nadie quiere estar solo sin importar si juntos se sienten más solos que separados. Si sólo quieren compañía por comodidad. Y muy a pesar de todo lo quiero, muchas veces en silencio, porque últimamente prefiero fingir que no lo hago, porque llegué a este punto límite del cual me doy cuenta que no puedo volver. Quisiera simplemente no hacerlo, porque no quiero, pero prefiero dejar algunas barreras que le impidan jugar conmigo, que me permita a mí tomar distancia y ver con claridad, ver a través de él y descifrar todas las historias que él se guarda para sí.
11 de mayo de 2016
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