"...Cuando estaba por olvidar que había gente en este mundo, aparecen ellas, mis amigas. Somos un grupo, chico, pero unido a través de los años. La vida nos intentó separar, varias veces, porque esas cosas pasan, pero no pudieron con nosotras. Cuando me parece que voy a perderme en mi misma, que voy a hunidirme, que voy a implotar y nadie lo notará, que estaré viva, caminando, pero falta de ganas de vivir, es ahí cuando empiezo a recordar que no estoy sola, que hay personas alrededor mío que intentan alcanzarme desde donde están, que me miran a lo lejos porque tienen miedo que al tocarme pueda desintegrarme. A veces temo lo mismo. De cualquier forma, están ahí, a su manera, incluso sin decir palabra alguna. Solía lastimarme que solo me miraran, que no intentaran estirar sus manos y sujetarme cuando estaba al borde del abismo, pero las entiendo, no conocían a esa persona que estaba ahí, en una esquina, encerrada, acurrucada, con frío y un dolor que quizás nunca pueda explicarles o que siquiera puedan entender. No pretendo que lo hagan. Ahora que las tengo otra vez, que yo volví de la tierra de los desamparados, ya no temen. Empezaron a darme el espacio que necesito cuando me aparto, y se acercan cuando paso un tiempo prudente. El medio del aprendizaje es la experiencia, y poco a poco nos sacamos las capas de miedos y prejuicio que vivían de la ignorancia y el desconocimiento, no sabíamos quienes eramos, eramos solo chicas, y yo estaba perdida. No digo que ya no lo esté, a veces me siento así, pero ahora al menos lucho para no recaer en ese pozo de donde salí. Con los años, aprendimos a conciliar nuestros mundos, y cuando nos vemos, nos contamos nuestros problemas amorosos, abrimos las manos y mostramos nuestros corazones rotos, nos contamos cosas sobre nuestras familias que se muestran perfectas y por dentro están desarmadas, de nuestros sueños y pasiones, del estudio, del país y el mundo que queremos conocer, del trabajo, de la plata, nos amargamos, nos reimos de las cosas que dijimos que nunca ibamos a hacer y terminamos haciendo, nos abrazamos cuando no hay palabras y tomamos cuando solo queremos olvidar, después de todo mañana será otro día y tendremos tiempo para lidiar con todo lo que nos pese en los hombros. Cuesta admitirlo, pero necesitas esas personas con las que contar, aquellas a las que sepas que puedes acudir a la hora que
sea, bajo cualquier motivo, sin importar que, y que te van a querer
por quien sos. Somos extravagantes, distintas una de la otra. Compartimos momentos que me hacen sentir parte, hacemos cosas locas, bailamos, gritamos y no nos avergonzamos de ser como somos. "Que piensen lo que quieran", decimos. Somos el reflejo de quienes se conocieron de chicas, esas chicas que ya no son chicas, son mujeres que crecieron, cambiaron y maduraron, siempre juntas. En algún punto espero que esta relación dure todo lo que pueda, que siga creciendo como nostras. Tuvimos nuestros distanciamientos, pero uno siempre vuelve a tierra firme. A veces, solo necesitas de esas amigas que sean capaces de decirte la verdad, sin tapujos, ni mentiras, que te digan las cosas como sin darle vueltas al asunto, que no piensen que por decirte algo sincero -y por qué no, en consecuencia, doloroso- podrían perderte. Y digo todo esto, lo escribo porque hoy me sentí fuera de mí, y no quiero que mi "nuevo" (por asi decirlo) yo le de lugar a la "antigua" yo que se sentía sola como el demonio, y no tenía a nadie a quien recurrir, porque en definitiva, no confiaba en nadie. No quiero dejarme ir por ahí, diambular cual sonámbula y borrar mis huellas. A veces tengo que recordarme que las quiero por muchas razones pero sobre todo porque cuando la flecha de mi brujula se avería, me recuerdan quien fui, como llegué a ser quien soy y quien realmente quiero ser..."
5 de febrero de 2014
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