
Esa noche, me animé como cada noche a tomar un sorbo de Coca Light, la sentí amarga, por primera vez en mi vida esa gaseosa que adoraba por su gusto y sus cero calorías había dejado de tener un gusto agradable. Había dejado de tener gusto para mí. Por un lado, era entendible, era mi único alimento. Me intoxique en gaseosa para no tener que comer, no lo necesitaba. Nadie lo entendía, mi cuerpo ya no quería nada y la comida había pasado a ser algo que no necesitaba para sobrevivir. Me encontré tomando Coca Light hasta cuando no la sentía, hasta cuando me era indiferente. Mentira, la tomaba para no sentirme tan vacía por dentro. Para no quedarme vacía. Otra que una excusa más. Me acosté mirando el techo y haciéndome preguntas sin sentido como cada noche, imaginándome las estrellas en una vulgar madera. Tapada con 5 acolchados para que el frío no me tocara. Soñé con los ojos abiertos una vida que nunca tuve, que se me escapo de las manos. Huyó de mi ausencia. Cerrando los ojos, dejando salir unas cuantas lágrimas, me abracé el cuerpo para saber que todavía estaba ahí. Que todavía no había cometido ninguna locura. Que todavía a nadie se le había ocurrido salvarme y putear un poco a la muerte, burlarse de ella por mí. Esa vez, me pase la noche en desvela, buscando algo. Algo que nunca llego. Y presentía, nunca iba a llegar. Y entonces, condenada, sin sueños que soñar, le lloré al techo. Le lloré la desgracia que se expandía desde mis pies a mi cabeza. Le lloré el porvenir y se rió de mí.
Ame el texto.
ResponderEliminarMuchas veces me senti asi, muchas noches-